Legitimidad

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Legitimidad y validación externa

La legitimidad es un término utilizado en la teoría del derecho y en la ciencia política.

En términos jurídicos, refiere a la capacidad de ser obedecido sin recurrir a la coacción, en contraposición a la autoridad.

En términos políticos, la legitimidad es la capacidad que permite ejercer el poder sin necesidad de recurrir a la violencia.

El proceso mediante el que una persona obtiene legitimidad se denomina legitimación. También las organizaciones pueden adquirir “legitimidad”, cuando son confiables y creíbles. De esta forma, reciben el reconocimiento y la consecuente licencia social para operar, por lo cual la legitimidad está intrínsecamente relacionada con el concepto de autoridad moral y honestidad intelectual. La legitimidad es una instancia superadora de la legalidad.

Legitimidad en términos jurídicos

Cuando una norma jurídica es obedecida sin que medie la violencia, se dice que esa norma es percibida como legítima. La teoría del derecho moderna establece que las características que ha de cumplir una norma jurídica para ser legítima son tres:

• justicia

• validez

• eficacia

La validez refiere a la manera en la que la norma ha sido promulgada: una norma jurídica es válida cuando ha sido emitida por el órgano competente, e inválida cuando ha sido emitida por un órgano no competente. Así, es inválida una ordenanza de la municipalidad de Buenos Aires que pretenda organizar el tráfico de la ciudad de Nueva York, pero son válidas las ordenanzas de la municipalidad de Buenos Aires para organizar el tráfico de esa misma ciudad.

La justicia se refiere al cumplimiento o no de los fines que la sociedad considera como buenos. Una norma es injusta si la población considera mayoritariamente que no se atiene a los objetivos colectivos de esa misma sociedad. Por ejemplo, ocurre en muchos lugares que se considera injusto pagar por estacionar en la vía pública, a pesar de que las ordenanzas municipales son válidas y obligan a ello.

La eficacia se refiere al seguimiento o acatamiento de la norma. Una norma es eficaz si la población la cumple, con independencia de si la percibe como justa o válida, e ineficaz si es ampliamente desobedecida. Por ejemplo, la prohibición de estacionar en doble fila suele ser percibida por todo el mundo como algo justo, y es desde luego una prohibición válida. Sin embargo, es desobedecida por la gran mayoría de los conductores.

La validez es expresable en términos más o menos formales y objetivos (“tal órgano puede emitir tal norma…”). La justicia se expresa en términos más o menos materiales y subjetivos (“la sociedad considera injusta tal norma…”). La eficacia es una cuestión descriptiva y fáctica, referida a los hechos (“ocurre o no un acatamiento generalizado de la norma…”).

Por lo tanto, y expresado en términos someros, la coincidencia de justicia, validez y eficacia en una norma es la medida de su legitimidad. Dado que la legitimidad es graduable, habrá normas más o menos legítimas. Cuando una norma es percibida como legítima, es masivamente obedecida, no siendo necesaria la sanción, salvo en casos puntuales.

Cuando una norma es percibida como ilegítima, es masivamente desobedecida, a no ser que se recurra, directamente, a la sanción. En general, el ejercicio habitual de la sanción y la violencia por parte del Estado para hacer efectivo el cumplimiento de una norma es síntoma inequívoco de que, o bien es inválida, o bien es percibida como injusta, o bien es ineficaz, o las tres cosas al mismo tiempo. El cumplimiento de la norma de manera habitual y sin recurrir a la violencia suele ser prueba de que es percibida como legítima.

Legitimidad en sentido político

Si la legitimidad jurídica se refiere la ley, la legitimidad política se refiere al ejercicio del poder. El poder político que es percibido como legítimo será mayoritariamente obedecido, mientras que el percibido como ilegítimo será desobedecido, salvo que se obtenga obediencia por medio de la violencia del Estado.

No debe confundirse legitimidad política con afinidad política. En democracia, los votantes del partido político perdedor pueden lamentarse por haber perdido las elecciones, pero no por ello desobedecen al nuevo gobierno. Tampoco debe confundirse legitimidad con democracia, porque durante la monarquía absoluta, por ejemplo, el pueblo consideraba masivamente legítimo al monarca que no había sido elegido por mayoría. La legitimidad política se podría entonces definir desde dos perspectivas: la de quien obedece y la de quien manda.

• Desde la perspectiva de quien obedece, será legítimo aquel gobierno que accede al poder cumpliendo los requisitos, que los que obedecen creen que tiene que cumplir para mandar.

• Desde la perspectiva de quien manda, será legítimo aquel gobierno que accede al poder haciendo ver a los que obedecen que cumple los requisitos para mandar.

La legitimidad así entendida es un compromiso entre ambos extremos. Desde luego, la teoría de la legitimidad no prejuzga la bondad o maldad de tal o cual régimen político, sino que examina, simplemente, los mecanismos de mando y obediencia.

En el plano personal, la legitimidad está directamente relacionada con la diferencia entre alcanzar o conseguir un logro, o salirse con la de uno. En el primer caso, todos ganan; en el segundo, muy probablemente alguien salga lastimado. En este sentido, también es importante tener en cuenta que la historia de vida y trayectoria de un persona puede legitimar su discurso o invalidarlo por completo.

Validación interna y externa = licencia social para operar

Hoy ya no alcanza con que la ley nos permita actuar de determinada manera, sino que es necesario poder contar con la validación externa que habilite y brinde a las personas, instituciones y organizaciones una licencia social para operar. Esta validación externa sólo se obtendrá y mantendrá en el tiempo si está unida a la autoridad moral, a la honestidad intelectual, y también, como bien señala Alan Watts, a la honestidad afectiva.

Un ejemplo de ello es lo que pasó en Esquel, en la provincia de Chubut. Meridian Gold, una empresa minera canadiense, anunció en 2002 un proyecto para la extracción de oro a cielo abierto en esa región. Se realizaron diferentes estudios de impacto ambiental, que demostraron que la contaminación producida por el cianuro que era necesario utilizar para procesar el mineral, podría llegar a afectar al Parque Nacional los Alerces. El Movimiento de Vecinos Autoconvocados por el “No a la Mina”, una ONG integrada por diversos sectores de la comunidad de Esquel, logró difundir el tema en medios nacionales e internacionales y organizó un plebiscito mediante el cual, un 80% de la población local expresó su rechazo al proyecto. A pesar de que el gobierno provincial ya había autorizado la explotación de la mina y otorgado los permisos, el proyecto no pudo avanzar por falta de legitimidad y validación externa por parte de la sociedad. En consecuencia, el gobierno tuvo que dar marcha atrás y se vio obligado a prohibir la explotación minera a cielo abierto y la utilización de cianuro en esa provincia.

Al respecto, también es importante lograr la validación interna, que es la aprobación, por parte de cada uno de los integrantes de una organización, de todo lo actuado y de los proyectos futuros que se lleven adelante. Una organización que no se preocupa por la validación interna, muy difícilmente pueda alcanzar la validación externa que tanto necesita para poder operar y conservarla en el tiempo.