Juego de suma cero

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Un juego de suma cero es un proceso donde las ganancias acumuladas de todos los participantes es igual a la sumatoria de las pérdidas.

Este concepto lo encontramos en el ámbito de la teoría de juegos, una rama de la microeconomía que estudia la interdependencia entre las decisiones de diferentes individuos, bajo la premisa que los costos y beneficios no están definidos de antemano, sino que dependen de las elecciones de los demás. Por ello se conoce como “juego”.

En un juego de suma cero no existe la cooperación para que todos puedan alcanzar un punto de mayor beneficio. Tampoco es posible que un jugador obtenga alguna rentabilidad extraordinaria sin afectar al resto. En otras palabras: lo que ha ganado un competidor proviene necesariamente de lo que ha perdido otro.

Por lo tanto, cada agente estará interesado en maximizar su propia utilidad y no coordinará acciones conjuntas con sus pares.

En un juego de suma cero no es posible alcanzar un equilibrio de Nash, donde la elección de A es óptima, dada la de B, y viceversa.

Economía suma cero

Como ya mencionamos, un juego de suma cero consiste en que la ganancia de una persona es proporcional a la pérdida de la otra. Lo que quiere decir, que el cambio en neto, o los beneficios, son igual a cero.

En oposición a los juegos suma cero, están aquellos que son de ganar-ganar. En estos últimos, las dos partes llegan a un acuerdo en el que ambas se ven beneficiadas. Dentro del ámbito económico, los acuerdos comerciales entre dos naciones buscan una fórmula de ganar-ganar.

Sin embargo, hay países que asumen una posición de economía suma cero. Estas naciones solo ven posible sus ganancias si otro país se ve perjudicado. De este modo, se ven en la obligación de apropiarse de los recursos de otras naciones para triunfar.

Las constantes crisis económicas por las que ha pasado el mundo han contribuido a la permanencia de la teoría de la economía suma cero. Cuando se atraviesan periodos de crisis, los países necesitan salir de ellas aplicando políticas que quizás perjudiquen a otras naciones. Es ganar para ellos, pero perder para los otros.

Sin embargo, la economía no tiene porqué ser suma cero. Suponer que todos o casi todos los intercambios entre personas o países funcionan como un juego de suma cero, es decir, que en ellos existe un perdedor y un ganador, es una falacia.

Dicha falacia se ha convertido en una mentalidad, una forma de pensar y también en algunos casos de gobernar, que se aplica descuidadamente y resulta un recurso de gran utilidad porque provee una explicación que libera responsabilidades y explica situaciones indeseables. Usa narrativas como estas, que llevan al subdesarrollo: “Yo estoy en una mala situación porque otros están en una buena situación. Si los demás empeoraran su situación, yo mejoraría la mías. Los pobres son pobres porque los ricos son ricos”.

Las políticas implantadas que surgen de esta falacia concluirán que para mejorar las condiciones de vida de unos será necesario e inevitable empeorar las condiciones de vida de otros. Esta es la única conclusión posible si se toma como verdadero el juego de suma cero, que es a su vez, en buena parte, el origen de las políticas de redistribución de la riqueza: quitar a unos para dar a otros.

La riqueza no es limitada; constantemente se puede generar por medio del trabajo. El verdadero problema entonces es cómo se distribuye. Al respecto, no hay que confundir recursos con beneficios. Si bien es cierto que los recursos son finitos, la forma en que estos se aprovechan puede beneficiar a más personas.

La falacia de suma cero ignora que existen juegos de suma positiva, que aceptan la realidad de que ambas partes pueden ganar en un intercambio libre y que de esta manera es posible crear riqueza.

En los mercados libres

En un sistema económico de libre mercado, por ejemplo, las compras y ventas son ese juego de suma positiva, con beneficio mutuo. Ellas se realizan voluntariamente solamente cuando ambas partes perciben una mejora de su estado actual. Esta voluntariedad indica que la expectativa de ambas partes es ganar, pues de otra manera no se realizarían.

Podemos observar también algo cercano a un juego de suma cero en el mercado de valores. Cuando el precio de una acción cae, pierden quienes la compraron esperando que aumente su valor. En contraste, ganan quienes la vendieron antes que se devaluara.

Otra situación en la que observamos un juego de suma cero es cuando en un mercado existen solo dos ofertantes. Dependiendo de la estrategia que elija una compañía, puede aumentar su participación restándole público a la otra.

Para más información

Los peligros de caer en la falacia de la suma cero

La posibilidad de elegir entre la pobreza y la prosperidad

Un juego que no suma cero