Inversiones de impacto

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Las inversiones de impacto son inversiones realizadas en compañías, organizaciones y fondos con la intención de generar impacto social, medioambiental y retorno financiero.

Pueden ser realizadas tanto en mercados desarrollados como emergentes y tener como objetivo un rango de retornos que van desde valores de mercado hasta por debajo de mercado, dependiendo de las circunstancias.

No se trata de filantropía ni de donaciones a fondo perdido, sino de inversiones que buscan un retorno de capital como mínimo igual al invertido, pero que deben producir de manera intencionada, cuantificable y medible un impacto positivo en el planeta. Dicho de otro modo, si no hay expectativa de impacto positivo no hay inversión.

El Pacto Mundial de las Naciones Unidas define las inversiones de impacto como “la colocación de capital en empresas sociales y otras estructuras con la intención de crear beneficios sociales y medioambientales más allá del rendimiento financiero”.

La “intención” como línea divisoria

La diferencia básica entre la inversión tradicional y la inversión de impacto está en la intencionalidad de éstas últimas de generar un impacto social positivo, más allá del objetivo único de obtener beneficios financieros.

Las inversiones de impacto dan un paso más allá respecto a las buenas prácticas de las inversiones socialmente responsables que introducen aspectos ambientales, sociales y de gobierno corporativo (criterios ASG). Tratan de orientar esas buenas prácticas hacia resultados esperados, demostrables y medibles, que justifiquen el impacto social y/o medioambiental generado además del económico para, en última instancia, valorar y comunicar el cambio producido. La inversión de impacto consigue así ser realmente rentable y eficiente.

Ni la economía convencional ni la filantropía están siendo capaces de dar solución a la variedad de desafíos a que se enfrenta la sociedad, y las inversiones de impacto se mueven en este sentido, tratando de dar respuesta a retos globales y problemas sociales.

Por otro lado, las empresas sociales suelen encontrar mayores dificultades para obtener la financiación que necesitan, por lo que sería interesante hacer llegar estas inversiones a personas tanto con un perfil de inversor socialmente responsable como al resto, ya que, además del atractivo social, también son atractivas en cuanto al retorno financiero. Según un estudio de la Global Impact Investing Network (GIIN) de 2015, una comparativa entre las rentabilidades obtenidas por fondos de impacto y fondos convencionales mostraba que ambos pueden llegar a tener un desempeño muy similar. Sin embargo, y a pesar de la necesidad de fomentar un crecimiento más sostenible, a una gran parte de los inversores no se les ofrece nunca oportunidades de inversión ética o sostenible.

Los empresarios y los inversores juegan un papel clave en el desarrollo económico y social. La Comisión Europea, dentro de su iniciativa de promoción del emprendimiento social, está tratando de facilitar la financiación de las empresas sociales. Cada vez hay más canales y plataformas de financiación que orientan las inversiones hacia instrumentos de inversión con impacto social, siendo actualmente los fondos de inversión social (FIS) y los bonos de impacto social (BIS) los instrumentos financieros más utilizados.

Deberíamos también prestar atención al efecto de los llamados millennials, que se estima que van a heredar en las siguientes décadas alrededor de 40 billones de dólares de sus generaciones anteriores. Diversos estudios indican una mayor disponibilidad por parte de esta generación a la hora de consumir productos y servicios más sostenibles, así como un mayor interés por invertir en organizaciones con un impacto social positivo más allá del rendimiento financiero.

No hay sin embargo unanimidad a la hora de dar una definición concreta de qué son las inversiones de impacto, aunque sí se puede afirmar que éstas tienen dos características u objetivos esenciales: obtener un retorno financiero que como mínimo cubra el capital invertido, y financiar iniciativas con un impacto social positivo.

La obtención de un retorno financiero va estrictamente ligado al logro de unos objetivos sociales, siendo característica indispensable generar un impacto positivo para obtener un retorno financiero, modelo también conocido como “pago por éxito”. Ese impacto tendrá por lo tanto que ser medido y justificado.

Estamos en cierto modo acostumbrados, particularmente en el sector público, a que se valore el alcance y eficacia de un proyecto o una acción social mediante los inputs o recursos invertidos, como el dinero destinado al proyecto, el tiempo invertido, personal dedicado, etc. A mayor cantidad de recursos, mejores resultados. Sin embargo, en muchos de esos casos no se alcanzan los objetivos deseados, y no precisamente por la falta de recursos. Tampoco los outputs o resultados establecidos son generalmente significativos para concluir que se ha logrado el fin social de un proyecto.

Resulta crucial, por lo tanto, una medición del impacto generado que permita valorar el efecto que la organización o proyecto está teniendo, y que evalúe el logro de los objetivos sociales deseados. A través de la medición del impacto se demuestra y se justifica el alcance y la efectividad de la inversión. En definitiva, sin medición, las inversiones de impacto perderían su sentido.

Sí parece existir un cierto consenso en cuanto al proceso a seguir en la medición del impacto social, y que gira en torno al propuesto por la European Venture Philanthropy Association (EVPA, 2013). Éste establece un marco general para la medición y gestión del impacto social, que podrá apoyarse en diversas metodologías dentro de las distintas fases del proceso.

El proceso de la EVPA propone unos pasos a seguir:

- Establecer objetivos.

- Identificar e involucrar a las partes implicadas.

- Medición del impacto, mediante indicadores, marcos, estimaciones, etc.

- Valorar el impacto.

- Realizar un seguimiento y comunicar los resultados.

Sin embargo, no ocurre lo mismo respecto a la metodología concreta a emplear, y su elección dependerá de la actividad que se desea medir, las expectativas de las partes implicadas, etc. Aquí encontramos desde metodologías más genéricas hasta herramientas de medición orientadas a entornos relacionados con instituciones públicas, metodologías de medición del impacto de empresas dentro de la economía circular, o incluso para medir el efecto generado por el voluntariado corporativo.

La medición del impacto no debe nunca llevar a elegir un objetivo que garantice indicadores positivos, sino a alcanzar el impacto previsto y el cambio social deseado, rectificando, si es necesario, desviaciones que surjan respecto al objetivo marcado. Debe ser utilizada como una herramienta de planificación, con la intención de generar un valor social y mejorar la actividad de la organización, comunicar el impacto generado, servir de apoyo en la toma de decisiones de inversión y estimular a su vez la captación de inversores. Promover la medición de impacto permitirá mejorar tanto la comparabilidad como las propias metodologías utilizadas.

La gestión y medición del impacto aportará además una ventaja competitiva a aquellas organizaciones que logren medir y valorar sus procesos y comunicar su impacto de manera eficiente. Servirá como mecanismo de presión hacia una mayor transparencia en organizaciones, empresas e instituciones, y llevará a ONGs y fundaciones a que realmente se centren en alcanzar sus objetivos, permitiendo también demostrar a sus agentes sociales que efectivamente se está generando un cambio y un impacto social de acuerdo a su misión.

Antonio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, afirmó que sólo se podrán alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) si toda la sociedad se compromete a lograrlos, y para ello la comunidad empresarial, el sector privado y el sector financiero son cruciales. Vemos que las inversiones de impacto van claramente en esa dirección, y pueden suponer una excelente herramienta para colaborar al logro de dichos objetivos.

Un modelo financiero en constante crecimiento

A medida que ha crecido la conciencia en los últimos años sobre el calentamiento global y el cambio climático, la inversión socialmente responsable ha derivado en empresas que impactan positivamente en el medioambiente al reducir las emisiones o invertir en fuentes de energía sostenibles o limpias.

Los datos que revela la Comisión Europea sobre esta cuestión son muy interesantes: actualmente una de cada cuatro empresas que se crean en la Unión Europea son empresas sociales, y cuando hablamos de países como Finlandia, Francia o Bélgica ese número aumenta a una de cada tres. En el caso de las inversiones de impacto social, el Global Steering Group (GSG) estima que este tipo de inversión en el mundo se multiplicará por dos en los próximos años y llegará a los 400.000 millones de euros en 2020, aunque aún sigue siendo menor que en las ISR.

Para potenciar que los agentes financieros se comprometan más con el planeta, desde 2009 existe en el ámbito europeo el European Social Investment Forum (EUROSIF), una asociación formada por fondos de pensiones, operadores financieros, centros académicos y de investigación, y ONG cuyo propósito es aumentar las inversiones enfocadas en el criterio de la sostenibilidad, el respeto por el medioambiente y el beneficio social.

Existe asimismo otro modelo de financiación que considera activamente el impacto social de sus fondos. Se trata de las inversiones con criterios socialmente responsables (ISR), un tipo de inversión que, desde una perspectiva largoplacista, integra criterios medioambientales, sociales y de gobernanza en el proceso de estudio y de selección de una cartera de inversión.

El crowdinvesting y otros casos de éxito

El mercado financiero ya cuenta con numerosos casos de cómo la conciencia social también puede ser rentable. El fondo especializado Ship2B, por ejemplo, tiene entre sus activos varios proyectos de impacto social, como una startup de gestión forestal, una plataforma de donaciones en especie, una nueva metodología de aprendizaje de matemáticas o una empresa de lácteos gourmets cuyo objetivo es la inserción laboral.

El crowdfunding ha encontrado una derivada muy atractiva en el mundo de las inversiones, el crowdinvesting, o lo que es lo mismo, plataformas de financiación colectivas que permiten a inversores minoristas acceder a mercados que antes estaban reservados para los grandes capitales.

La Bolsa Social fue la primera plataforma con estas características en solicitar la autorización de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Esta empresa social, que funciona como cualquier plataforma de crowdfunding, permite a inversores preocupados por la rentabilidad, pero también por el impacto social y medioambiental de sus fondos registrarse de forma gratuita en su web y acceder a proyectos de impacto en los que poder invertir.

Grupos de Trabajo

Los Grupos de Trabajo (Task Force) en Inversión de Impacto nacen en el año 2000 en el Reino Unido. Se constituyen como plataformas que permiten a los actores del ecosistema de impacto de cada país compartir experiencias, plantear desafíos, buscar maneras de impulsar el mercado local y conectar con sus pares internacionales. Una de las mayores tareas de los Grupos de Trabajo es promover una visión unificada de la inversión de impacto, facilitar el intercambio de conocimiento y fomentar los cambios necesarios a nivel regulatorio y político en cada mercado local. El éxito de estos grupos lleva a que en el año 2013 se cree el Grupo de Trabajo del G8 para la Inversión de Impacto Social (Social Impact Investment Task Force) para reunir a funcionarios de gobierno y altos directivos del mundo de las finanzas, los negocios y la filantropía con el fin de desarrollar el mercado de inversión de impacto. Tras la exitosa puesta en agenda en 2015, el Grupo de Trabajo se abrió más allá de los miembros del G8. Actualmente, el Global Social Impact Investment Steering Group cuenta con la representación de 13 países más la Unión Europea.

Más información

- Emprender con impacto

- Transform Finance Innovations in Financing Structures for Impact Enterprises. Spolight on Latinoamerica

- Las inversiones de impacto (Economistas Sin Fronteras)

- Capital Markets Union: Commission welcomes agreement on sustainable investment disclosure rules