Diferencia entre revisiones de «Gestión de riesgo»

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Revisión del 18:38 14 jul 2011

Gestión de Riesgo

¿Qué es riesgo? Podemos definir el riesgo como: “la exposición a la posibilidad de ocurrencia de ciertas cosas tales como pérdida o ganancia económica, daño físico, retrasos, daño a la salud pública, etc. que surgen como consecuencia de seguir un curso particular de acción. El concepto de riesgo tiene dos elementos: la probabilidad de que algo ocurra y las consecuencias de si esto ocurre.

Si se está decidiendo acerca de un curso de acción, la necesidad de administrar los riesgos surge de cierta falta de certeza y por lo tanto los dos elementos del riesgo que es necesario considerar son:
• Cual es la probabilidad de que algo ocurra
• Cuales serán las consecuencias que surgirán si una o todas las cosas que podrían suceder en realidad suceden.


¿Qué se entiende por administrar riesgo?

Los riesgos podrían provocar la falla de un proyecto para alcanzar sus objetivos, la falta de satisfacción por parte del cliente, la amenaza de la salud pública, una mala administración, problemas con la cultura organizacional, fallas en los sistemas informáticos, fraudes, deficiencias en los controles internos. La lista es casi infinita. Pero aún cuando no es posible tener un medio ambiente totalmente libre de riesgos, si es posible eludir, reducir, eliminar o transferir ciertos riesgos.

La administración del riesgo es un proceso lógico y sistemático, que puede ser utilizado cuando se toman decisiones para mejorar la efectividad y eficiencia. Es un medio hacia un fin, no un fin en sí mismo, que debe llegar a integrarse al trabajo diario. Se puede definir como “la aplicación sistemática de políticas, procedimientos y prácticas de gestión a la tarea de identificar, analizar, evaluar, tratar y controlar los riesgos”

Pensar hacia delante y responsablemente

Cuando se administra el riesgo tratamos de identificar y estar preparados para lo que pueda suceder. Se trata de tomar acciones destinadas a eludir y reducir la exposición a los costos u otros efectos de aquellos eventos que ocurran, en lugar de reaccionar después de que un evento ya ha ocurrido e incurrir en los costos que implican recuperar una situación. En algunas situaciones, el decidir no aprovechar una oportunidad o no introducir nuevos enfoques es tomar el riesgo más grande de todos.
La alternativa a la administración de riesgo es la “administración riesgosa”, que implica el tomar decisiones imprudentes o precipitadas, o bien tomar decisiones que no están basadas en una consideración cuidadosa de los hechos y de los riesgos involucrados.
Es necesario, por lo tanto, encontrar un equilibrio entre los costos y los beneficios para definir qué nivel de riesgo es aceptable.

¿Cuándo se necesita administrar riesgo?

La respuesta es “todo el tiempo”. Todas las decisiones involucran el administrar riesgos. Ya sea decisiones que se toman en las operaciones diarias (tales como decidir las prioridades de trabajo, tomar decisiones presupuestarias o de personal) o las decisiones acerca de políticas importantes, estrategias o proyectos, la posible utilización de grandes cantidades de dinero o recursos, etc. Muchas decisiones tienen que ser tomadas de manera muy rápida y a menudo se basan en la intuición, no obstante es importante pensar acerca de los riesgos que esto involucra.
El proceso formal, paso a paso, supone establecer el contexto, la identificación, el análisis, la evaluación, el tratamiento, el control y la revisión de los riesgos, lo que puede ser aplicado a la toma de decisiones y en todos los niveles de una organización, al nivel de un equipo o individualmente, y en relación a cualquier función o actividad.

¿Cuáles son los beneficios de la administración de riesgo?

Si se administra el riesgo cuidadosamente se obtendrán los siguientes resultados:
• Una planificación estratégica más efectiva como resultado de un conocimiento más amplio y una integración de la exposición a riesgos claves.
• Sorpresas sin mayores costos, debido a que se está previniendo que ocurra algo no deseable.
• Mejores resultados en términos de efectividad y eficiencia de programas específicos.
• Una mayor transparencia en la toma de decisiones y procesos de gestión en curso.
• Una mejor preparación a través de la subsecuente revisión interna y externa y procesos de auditoría.