Emprendedurismo

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Un emprendedor es una persona que diseña, lanza y pone en funcionamiento un negocio partiendo de una innovación, con el fin de obtener una ganancia.

Esto implica desarrollar, organizar y gestionar un emprendimiento, asumiendo los altos riesgos que implica el lanzamiento de una start-up.

A diferencia de las empresas, una start up es una idea de negocio donde su patrimonio incrementa exponencialmente por año, y el crecimiento de la empresa es gradualmente bajo.

La mayoría de los emprendimientos surgen a partir de que individuo o un equipo identifica una oportunidad de negocio, y adquiere y despliega los recursos requeridos para su explotación, lo que implica:

• Desarrollo de un plan de negocios.

• Contratación de recursos humanos.

• Adquisición de los recursos financieros y materiales.

• Capacidad de liderazgo.

• Ser responsable del éxito o fracaso de los negocios.

• Reducida aversión al riesgo.

El emprendimiento puede surgir en firmas de pequeño, mediano y gran tamaño, firmas nuevas y establecidas, y en organizaciones con y sin ánimo de lucro, incluyendo sectores del voluntariado, organizaciones de caridad y gubernamentales.

¿Qué significa ser un “emprendedor”?

El emprendedor fue definido por primera vez por el economista Richard Cantillon como “la persona que paga un cierto precio para revender un producto a un precio incierto, por ende tomando decisiones acerca de la obtención y el uso de recursos, y admitiendo consecuentemente el riesgo en el emprendimiento”.

Para Jean-Baptiste Say, “un emprendedor es un agente económico que une todos los medios de producción, la tierra de uno, el trabajo de otro y el capital de un tercero y produce un producto. Mediante la venta de un producto en el mercado, paga la renta de la tierra, el salario de sus empleados, interés en el capital y su provecho es el remanente. Intercambia recursos económicos desde un área de baja productividad hacia un área de alta productividad y alto rendimiento.

El economista Joseph Schumpeter definió a los emprendedores como innovadores que buscan destruir el statu-quo de los productos y servicios existentes para crear nuevos productos y servicios. Consideró el rol del emprendedor en la economía como una "destrucción creativa": lanzar innovaciones que simultáneamente destruyen viejas industrias. Para Schumpeter, "los cambios y el desequilibrio dinámico traídos por la innovación del emprendimiento son la norma en una economía saludable".

Para Peter Druker, un emprendedor busca el cambio, responde a él y explota sus oportunidades. La innovación es una herramienta específica de un emprendedor y, por ende, el emprendedor efectivo convierte una fuente en un recurso.

Etimología

El término de la palabra emprendedor deriva de la voz castellana emprender, que proviene del latín, y se aplicaba originalmente —tanto en España como en otros países— a los que entonces eran considerados aventureros, principalmente militares, término que posteriormente pasó a tener connotaciones comerciales. La palabra fue definida por primera vez en el Diccionario de autoridades de 1732, todavía con esa connotación, como “La persona que emprende y se determina a hacer y ejecutar, con resolución y empeño, alguna operación considerable y ardua”. Está estrechamente relacionado con el vocablo francés entrepreneur, que surge a principios del siglo XVI.

Posteriormente, a principios del siglo XVIII, los franceses extendieron el significado del término a los constructores de puentes y caminos, y a los arquitectos.

Posteriormente, el sentido de “entrepreneur” se generalizó para identificar a tomadores de riesgos económicos.

Jean-Baptiste Say jugó un papel importante en esa generalización, haciendo en 1803 explícito y coherente ese nuevo sentido. En su Traité d'économie politique, Say presentó al “entrepreneur” (en castellano, empresario) como el que “dirige una empresa, especialmente un contratista, actuando como intermediario entre el capital y el trabajo”.

Esa concepción perduró hasta comienzos del siglo XX, y se puede resumir como la del propietario que maneja empresas y asume riesgos.

No obstante, esto empezó a cambiar con Joseph Schumpeter, quien sugirió que invenciones e innovaciones son la clave del crecimiento económico, y quienes implementan ese cambio de manera práctica son los emprendedores. Para Schumpeter, la clave de este concepto es la capacidad de transformar innovaciones desde un invento a un producto práctico, lo que implica un alto riesgo económico. En palabras de Eudald Domènech: “La innovación por la innovación misma no sirve para nada. Innovar es crear productos que hagan la vida más fácil.”

Así, en la concepción moderna, el entrepreneur/emprendedor pasa de ser principalmente un tomador de riesgos económicos, y en general, a ser un innovador. Por ejemplo, se ha sugerido que Henry Ford no llegó a ser un emprendedor en 1903, cuando comenzó a producir automóviles, sino en 1908-9, cuando comenzó a producir el modelo T, introduciendo la producción en cadena, y resultando ambas innovaciones en una revolución (un cambio cualitativo) tanto en la industria como en la sociedad estadounidense.

En otras palabras, se sugiere que la diferencia central entre personas como Bill Gates o Steve Jobs y otros, no es que ellos sean los únicos dispuestos a tomar riesgos o sean capaces de ello, sino que estos personajes –motivados no necesariamente en forma principal por las ganancias– fueron capaces de introducir innovaciones que modificaron profundamente algún área económica o la sociedad entera. Posteriormente aparecerán otros que copian o adoptan esas innovaciones, quienes también asumen un riesgo, pero no necesariamente son –según esta concepción– verdaderos emprendedores, sino más bien hombres de negocios, comerciantes o empresarios.

Ese es el sentido central de la concepción schumpeteriana en relación al emprendedor: los entrepreneurs son aquellos capaces de, superando resistencias, incorporar tales innovaciones a los procesos del mundo real: “la gran mayoría de los cambios en las comodidades del consumo han sido forzados por los productores sobre los consumidores, los que a menudo han resistido el cambio, y han tenido que ser educados por las elaboradas técnicas psicológicas de la publicidad”.

Esta visión, del emprendedor como creador de bienes especialmente materiales, o desarrollo económico, puede ser concebida como un retorno al espíritu del término hispano primigenio, cuando se aplicaba a quienes crearan los elementos físicos básicos –desde catedrales y palacios a máquinas y sistemas de organización– de la Edad Moderna. Hay quienes, con en ese espíritu, en la actualidad consideran al emprendedor como un héroe cultural.

Contexto actual y desarrollo

Todo lo anterior ha dado origen a dos posiciones o percepciones principales. Primero, una posición que puede ser trazada en torno a Adam Smith y los clásicos en general, para quienes la innovación es una cualidad humana que se manifiesta en la solución de los problemas: dado la existencia de éstos, alguien los percibirá y encontrará alguna solución. Algunas de esas posibles soluciones fallarán o no serán adoptadas; otras adquirirán una gran difusión y éxito económico. Esta posición está representada en la actualidad en las posiciones de la llamada escuela austriaca: “el emprendedor está alerta ante las oportunidades que se presentan en el mercado... Allí donde el emprendedor cree ver un desfase de precios entre los recursos y sus usos, se vislumbra y se puede explotar una oportunidad de negocio. En un entorno de incertidumbre, el emprendedor puede equivocarse en sus presunciones; si acierta, la implicación es que ha encontrado un mejor uso para el recurso hasta entonces infravalorado y el mercado le premia con beneficios que, como bien sabemos, tienen una vida efímera. Si falla, ha malgastado ese recurso y no le queda más que soportar las pérdidas de su fallida actuación”.

Otros perciben la innovación efectiva como dependiente de factores previos: “A nuestro juicio, la innovación es una actitud cultural que se sustenta en el conocimiento del mundo que provee la ciencia, y que posibilita por un lado generar y, por otro, sacarle partido, a las herramientas conceptuales y tecnológicas de las que disponemos, identificar problemas, encontrar las soluciones apropiadas y tener la capacidad de transferir estas soluciones a otros contextos u otros problemas. Es decir, podemos crear o modificar distintas soluciones a fin de ponerlas en circulación, pero ellas se sustentan en un saber que ha llegado a su fase creativa como resultado del aprendizaje acumulado y de la maduración alcanzada por ese saber “.

En otras palabras: si consideramos que innovar es adaptar una invención al mercado –proceso en el cual, a partir de una idea, invención o reconocimiento de una necesidad, se desarrolló un producto, técnica o servicio útil hasta que sea comercialmente aceptado– es obvio que alguien tiene que haber hecho esa invención previamente. A su vez, en el mundo contemporáneo, esto depende crecientemente de desarrollos en la educación, estudios científicos, técnicos y, en muchos casos del financiamiento con el cual cuentan ya sea a través de un crédito o de algún otro medio para recibir un préstamo.

Así, por ejemplo, Joel Shulman aduce que América Latina tendrá dificultades para avanzar porque no está generando un número suficiente de nuevas patentes. En el texto, el autor hace una comparación entre México y Singapur hace 30 años. En ese tiempo, el país latinoamericano superaba a Singapur, pero a partir de entonces ha venido decayendo, mientras que Singapur tomó una posición muy fuerte frente a otros mercados. En definitiva, el argumento es que, si un país no desarrolla nuevas patentes, entonces se va a quedar atrás.

Sin embargo, dada la necesidad de generar riqueza y empleos, en el contexto económico actual, en muchos países se empiezan a dedicar esfuerzos en las innovaciones organizativas como instrumento del desarrollo del potencial creativo general. Esto lleva a investigar el papel y la evolución de las pymes en general: por un lado las microempresas o star up y, por otro, las empresas asociativas o de autogestión. Esto también tiene una dimensión de búsqueda de independencia económica de las comunidades y desarrollo humano a través de una economía social que trascienda la centralización administrativa y burocratizante de las que las grandes empresas –tanto estatales como privadas– suelen adolecer. Es decir, esta visión intenta poner la responsabilidad y el control del desarrollo en las comunidades mismas, lo que se espera, produciría soluciones locales, basadas en conocimientos y recursos locales a problemas locales.

En algunos casos son las grandes empresas, a través de sistemas de concurso, las que fomentan la innovación y el emprendimiento, con la idea de impulsar ideas y empresas jóvenes, asesorándolas, tutorizándolas y presentándolas a foros de inversores internacionales con el aval de estas grandes corporaciones.

En La educación de los emprendedores, Arieu considera que el énfasis que se está dando a la difusión y el desarrollo del espíritu emprendedor tiene sus raíces en una multiplicidad de factores, entre los cuales es posible mencionar:

• El rol de las pequeñas empresas en la creación de riqueza y trabajo.

• El notable aporte de las nuevas tecnologías a la generación de nuevos productos y empresas, con la consecuente deslocalización espacial de una importante parte de la actividad económica.

• Una vida laboral caracterizada por ciclos de trabajo asalariado, empleo por cuenta propia y desocupación.

• La orientación de las teorías económicas hacia factores humanos que afectan los procesos de crecimiento y desarrollo económico, por ejemplo, a partir de procesos de aprendizaje.

En Finanzas para emprendedores, Florencia Roca resalta que, a diferencia de inversores en el mercado de valores, los emprendedores típicamente concentran en su empresa la mayor parte de su capital. De tal forma que son inversores poco diversificados (en términos de la teoría de Markowitz), que potencialmente podrían lograr grandes beneficios de reducción de riesgo simplemente buscando correlaciones negativas con otras inversiones.

Algunos tipos de emprendedor

Emprendedor social

Un emprendedor también puede ser la persona que emprende la creación de otros tipos de organizaciones o instituciones no necesariamente comerciales, como las cívicas, las sociales o las políticas. Esto es debido a que el acto de emprender en sí no sólo es característico del mundo de los negocios o el comercio, sino que es transversal a la sociedad del siglo XXI.

Un caso "mixto" es el del emprendedor social, que busca generar beneficios económicos a la par de tener un enfoque desarrollado en potenciar el bienestar humano, que trascienda lo económico y beneficie también a la sociedad en su conjunto.

Emprendedor digital

Reconocidos también como emprendedores online, son personas que emprenden negocios y proyectos con fines de lucro y de diversa índole a través de Internet. Los emprendedores digitales son el fruto de la globalización y el constante avance de las tecnologías de la información y las redes.

Intraemprendedor

Un intraemprendedor es aquel trabajador con visión empresarial, que invierte tiempo suficiente en las ideas innovadoras desde el interior de la propia empresa, a través de procesos abiertos que las recogen, moldean, mejoran y canalizan en forma de negocio, beneficiándolo a él mismo y al crecimiento de la propia empresa en la que presta sus servicios.

Emprendedor de triple impacto

En el caso de los emprendedores de triple impacto, nos referimos a emprendimientos que tengan impacto social, económico y ambiental.

Cada vez más, los emprendimientos sociales están mirando modelos de gestión que les permita impactar positivamente de manera integral. Esto implica que no solo generen beneficios en el aspecto social, sino también en lo ambiental y económico. Es esto a lo que se conoce como proyectos de triple impacto.

El objetivo de este tipo de emprendimientos o empresas no es solo ser las mejores de su sector, sino las mejores para el planeta. Esta nueva mirada ha contribuido a que estas empresas pasen de ser actores sociales únicamente centrados en generar más ganancias a ser protagonistas del desarrollo sostenible de sus comunidades y el mundo.

Promoción del emprendedor de "triple impacto"

En la Cumbre para el Desarrollo Sostenible (ODS), que promueve el trabajo decente y desarrollo económico inclusivo, se lanzó el Programa Nacional de Emprendedores para el Desarrollo Sustentable (PROESUS). Este proyecto – que busca acompañar a emprendedores para incrementar su productividad– puso en agenda los emprendimientos de triple impacto.

En esta línea e impulsado por Pan American Energy, el Programa Pymes PAE contribuye a profesionalizar la gestión, certificar procesos y desarrollar productos y servicios de las empresas locales mediante capacitaciones y asesoramiento técnico, comercial y financiero.

Este programa promueve el desarrollo de los Premios Mayma, que busca potenciar y capacitar a emprendedores que desarrollen negocios con impacto social, económico y ambiental.

"Año tras año la iniciativa se va afianzando y creciendo como una comunidad integrada por más de 1100 emprendedores y por un equipo profesional que incluye más 300 mentores", afirma Margarita Carlés, Directora de Mayma y sostiene que el concurso brinda orientación y capacitación para repensar proyectos y volverlos sostenibles en el tiempo, acompañando a emprendedores que aspiran a ser parte de las nuevas economías.

Cuidar el ambiente, mejorar la calidad de vida, generar fuentes de trabajo genuinas, trabajar en un proyecto socialmente responsable es parte de la mirada a futuro que deben tener las economías locales y regionales. "Pensamos el desarrollo local desde el acompañamiento de proyectos sostenibles. La sustentabilidad nos orienta de forma permanente, atravesando nuestro trabajo, a través de la articulación público privada, la mirada a largo plazo y pensando las necesidades locales para buscar soluciones", sostiene Carles.

Cultura emprendedora en Argentina

La Ley N° 2605840 de Educación técnico profesional en Argentina fue promulgada en septiembre de 2005, aplicable en toda la Nación, respetando los criterios federales, las diversidades regionales, y articulando la educación formal y no formal, la formación general y la profesional en el marco de la educación continua y permanente. Dentro de los objetivos que establece la ley, se menciona que se busca articular las instituciones y los programas de Educación Técnico Profesional con los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la producción y el trabajo.

En el artículo 14 se detalla que las autoridades educativas de las jurisdicciones promoverán convenios que las instituciones de educación técnico profesional puedan suscribir con las Organizaciones No Gubernamentales, empresas, empresas recuperadas, cooperativas, emprendimientos productivos desarrollados en el marco de los planes de promoción de empleo y fomento de los micro emprendimientos, sindicatos, universidades nacionales, Institutos Nacionales de la Industria y del Agro, la Secretaría de Ciencia y Tecnología, la Comisión Nacional de Energía Atómica, los institutos de formación docente, otros organismos del Estado con competencia en el desarrollo científico-tecnológico, tendientes a cumplimentar los objetivos estipulados en dicha ley.

En la provincia de Buenos Aires, a través del Anexo 3 de la Resolución 3828/0941 incorpora siete años a la escolarización secundaria tecnoprofesional y justamente, a través de la materia Emprendimientos Productivos y Desarrollo Local se busca aproximar la educación secundaria tecnoprofesional y el emprendimiento para formar técnicos que puedan desempeñarse como actores en procesos productivos en pequeñas y en medianas empresas, pero también como emprendedores autogestivos con sentido crítico y responsabilidad ciudadana.

Incubadoras

Las incubadoras son organizaciones que acompañan y aceleran el crecimiento de los proyectos emprendedores a través de asesoramiento, capacitación y asistencia financiera.

Su función es acompañar y acelerar el crecimiento de los proyectos de emprendedores por medio de financiación, asesoramiento y capacitación. Proporcionan servicios que las nuevas empresas no pueden tener por su cuenta, sea por que no tiene una clara idea de como ejecutar exitosamente su negocio o no posee los recursos necesarios para implementarlo.

Las incubadoras cuentan con personal técnico y experimentando, acompañando a los emprendedores a evaluar su idea o proyecto. Esta debe ser viable técnicamente, financieramente y de mercado. Cada incubadora tiene sus requisitos, bases y condiciones para participar.

Si cumple todos los requisitos que piden la incubadora, se hace un contrato. Hay varios tipos de contrato, pero el que se suele usar establece que el emprendedor tiene el derecho y la incubadora la obligación por el período menor a 3 años para alcanzar sus objetivos y progresar en todas las de control y revisión previstas en el plan de trabajo