Economía descalza

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La Economía Descalza. Señales desde el Mundo Invisible” (1986), es el título de una de los libros más leídos del economista, ambientalista y político chileno Manfred Max Neef, quien por los principios que allí postula y su “Teoría del Desarrollo a Escala Humana” obtuvo el premio “Righ Livelihood Award” (conocido como Premio Nobel Alternativo).

En esta obra, Max Neef nos ofrece una mirada de la economía más humana, al servicio de hombre, y enfocada hacia los sectores más desconocidos, o como él los llama, “invisibles”.

Desde su experiencia en organismos nacionales y supranacionales, el autor pone en discusión el humanismo, la ecología y el anarquismo, como sustentos argumentativos y teóricos para la consolidación de lo que él llama la economía descalza. Explica a su vez por qué la ideología imperante de cada momento histórico, han vuelto a la economía una ciencia mecanicista e incapaz de adaptarse a las particularidades.

La esfera económica es concebida por Max Neef como un componente más de la sociedad humana y, por consiguiente, en íntima conexión con la política y la cultura, con la ecología y la sociología, la psicología y la antropología. Ya no como un mero instrumento de medición del estado económico, sino a partir de un acercamiento práctico de las necesidades humanas con una mirada holística.

Max-Neef afirma: “El mejor proceso de desarrollo será aquél que permita elevar más la calidad de vida de las personas”. En este tema aparece su aporte fundamental a la teoría social-económica, la cual deriva de una ontología del desarrollo a escala humana en tanto necesidades humanas. “Se ha creído, tradicionalmente, que las necesidades humanas tienden a ser infinitas; que están constantemente cambiando; que varían de una cultura o medio a otro, y que son diferentes en cada período histórico. Nos parece que tales suposiciones son incorrectas, puesto que son producto de un error conceptual”, sostiene.

Hace un esbozo de lo que podríamos pensar como una “eco-nomia-existencial”, distingue entre las necesidades y los satisfactores de esas necesidades, para evitar caer en un error conceptual: “Las necesidades humanas deben entenderse como un sistema: es decir, todas las necesidades humanas se interrelacionan e interactúan. Con la sola excepción de la necesidad de subsistir; es decir, de estar vivo, no existen jerarquías dentro del sistema. Muy por el contrario; simultaneidades, complementariedades y compensaciones son características de la dinámica del proceso de satisfacción de las necesidades”.

Las necesidades, como las ve Manfred Max-Neef, se pueden desagregar según categorías existenciales y categorías de valores. Esto es, por una parte, las necesidades de Ser, Tener, Hacer, Estar; y por otra, las necesidades de Permanencia (o Subsistencia), Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Esta clasificación permite evitar confusiones como la de pensar la vivienda, la alimentación y el vestuario como necesidades, cuando son satisfactores de la necesidad fundamental de Permanencia (o Subsistencia). Del mismo modo, la educación, el estudio, la investigación, la estimulación precoz y la meditación son satisfactores de la necesidad de Entendimiento. Los sistemas curativos, la prevención y los esquemas de salud, en general, son satisfactores de la necesidad de Protección.

Para Max-Neef “las necesidades humanas fundamentales” de un individuo que pertenece a una sociedad consumista son las mismas que aquél que pertenece a una sociedad ascética. Lo que cambia es la elección de cantidad y calidad de “los satisfactores”, y/o las posibilidades de tener acceso a los satisfactores requeridos. En efecto, el cambio cultural es consecuencia de abandonar satisfactores tradicionales para reemplazarlos por otros nuevos y diferentes. En su análisis, pone al descubierto la inexcusable variable de analizar el medio ambiente desde sí mismo, quitándole el status de “mero medio” para la subsistencia del hombre.

Se refiere a su vez a la gente que integra las filas de aquellos “invisibles” a los ojos de la “Historia” que es, paradojalmente, la misma gente que ha hecho posible la Historia “visible”. Invisibilidad que no solo es histórica sino económica, en cuanto la economía es diseñada por los economistas.

“Ningún acontecimiento se convierte en acontecimiento económico a menos que calce con ciertas reglas establecidas por el economista”, explica. “Como disciplina, la economía se ha convertido repentinamente en una de las materias más importantes de la actualidad. No habría nada de malo en ello si la importancia dada a la ciencia económica correspondiera realmente a su capacidad de interpretar y resolver los problemas que afectan a la Humanidad. Este no es el caso. Sus grandes abstracciones, tales como el PNB (Producto Nacional Bruto), sistemas de precios, tasas de crecimiento, razón capital producto, movilidad de factores, acumulación de capital y otras, aunque reconocidas como importantes, son selectivas y discriminatorias cuando se refieren a la masa de los seres humanos”.

Manfred Max-Neef propone que debería reconocerse que una medida tan abstracta como el PBI es un indicador engañoso del nivel y calidad de vida, ya que cubre cualquier actividad sin considerar si es beneficiosa o no para la sociedad.

Apuesta asimismo a un auto dimensionamiento de nuestra acción política. Debido a la inercia y la falta de participación que es, “en parte producto de las dimensiones más alienantes en las que hemos caído, se convierte en terreno fértil para que los pocos ganen aún más poder sobre los muchos”.

Describe la época diciendo que “estamos en una encrucijada donde la negligencia, la indiferencia y la incapacidad de reaccionar se han convertido en una forma de suicidio. Y ni siquiera de suicidio cometido en aras de un ideal superior, sino de suicidio en defensa de la estupidez y la obstinación”. Pues bien, frente a la invisibilidad que genera el PBI surge por parte de Max-Neef una propuesta en términos económicos, esto es, un nuevo cuantificador demográfico en base a una “persona ecológica” (ecoson). En efecto, la idea central es establecer una “escala aproximada” de un “drenaje razonable de los recursos” que una persona necesita para lograr “una calidad de vida aceptable”.

Por lo cual, ve como necesario la búsqueda de una “utopía”, esto es, la búsqueda de una sociedad que sea posible, y que además sea, desde una perspectiva humanista, es decir, una “eutopía” El autor entiende la noción de “desarrollo” sobre la base de un humanismo ecológico integral, vale decir, recreando una sociedad eutópica en la cual se parte de una filosofía política “eco-anarco-humanista”. En términos sociales, el asunto radica en pasar de la mera explotación de la naturaleza y de los más pobres del mundo, a una integración e interdependencia creativas y orgánicas.

Primero, “ecológico” en el sentido de que se basa en la convicción de que los seres humanos, para realizarse, deben mantener una relación de “interdependencia” y no de competencia con la naturaleza y el resto de la humanidad. Segundo, “humanista” debido que sostiene que los humanos tienen conciencia de sí mismos y, a su vez, realizan sus relaciones con la naturaleza y con otros seres humanos, por medio de la cultura. Tercero, “anarquista” puesto que toda forma de concentración de poder aliena a las personas de su entorno, natural y humano, y limita o anula su participación directa y sentido de responsabilidad, restringiendo su imaginación, información, comunicación, capacidad crítica y creatividad.

Por último, Manfred Max-Neef se refiere al aspecto social de la cotidianidad. Afirma que no podemos teorizar de forma auténtica si no estamos inmersos en las mismas condiciones en la que se encuentran los actores, esto es, “partir de la cotidianidad”. Se trata no solo de “ponernos a nosotros mismos como valiosos”, sino también considerar a los demás como valiosos.

La economía descalza, 30 años después

Manfred Max-Neef amplió en numerosas entrevistas los conceptos presentados en este libro. Aquí, algunos extractos de lo que dijo en 2019, tomando en cuenta el actual estado del mundo:

“La economía descalza es una metáfora que se originó en una experiencia concreta. Yo trabajé alrededor de diez años de mi vida en áreas de pobreza extrema en las sierras, en la jungla, en áreas urbanas en distintas partes de Latinoamérica. Al comienzo de este periodo estaba un día en una aldea indígena en la sierra de Perú. Era una zona muy pobre y frente a mí estaba otro hombre parado en el lodo (no en el barrio pobre sino en el lodo). Y bueno, nos miramos. Era de corta estatura, delgado, con hambre, desempleado, cinco hijos, una esposa y una abuela. Yo era el refinado economista de Berkeley, que enseñaba en Berkeley, etc. Nos mirábamos cara a cara y de pronto me di cuenta de que no tenía nada coherente que decirle en esas circunstancias a este hombre, que todo mi lenguaje de economista era inútil. ¿Debería decirle que se pusiera feliz porque el producto interno bruto había subido un 5% o algo así por e l estilo? Todo esto era completamente absurdo. Entonces descubrí que no tenía un lenguaje para ese ambiente y que teníamos que inventar un idioma nuevo. Ese es el origen de la metáfora economía descalza que, en concreto, simboliza la economía que un economista debe usar cuando se atreve a meterse en los barrios bajos. El punto es que los economistas estudian y analizan la pobreza desde sus oficinas lujosas, poseen todas las estadísticas, desarrollan todos los modelos y están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sobre la pobreza. Pero ellos no entienden lo que es la pobreza, ese es el gran problema y es también el motivo por el cual la pobreza aún existe. Esto cambió completamente mi vida como economista: inventé un lenguaje coherente para esas condiciones de vida.

Hemos alcanzado un nivel en nuestra evolución en el que sabemos muchas cosas, sabemos muchísimo pero entendemos muy poco. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta acumulación de conocimiento como en los últimos cien años y ¿cómo estamos? ¿Para qué nos ha servido el conocimiento? La esencia está en que el conocimiento por sí mismo no es suficiente, carecemos de entendimiento. La diferencia entre conocimiento y entendimiento la puedo explicar con un ejemplo: vamos a pensar que hemos estudiado todo lo que podemos estudiar desde una perspectiva teológica, sociológica, antropológica, biológica, inclusive bioquímica y sobre un fenómeno humano llamado amor. El resultado es que sabremos todo sobre el amor, pero tarde o temprano nos vamos a dar cuenta de que nunca entenderemos el amor a menos de que nos enamoremos. ¿Qué significa esto? Que sólo podemos llegar a aspirar a entender aquello de lo que llegamos a formar parte.

Cuando perteneces, entiendes. Cuando estás separado, solo acumulas conocimiento y esa ha sido la función de la ciencia. Ahora bien, la ciencia se divide en partes pero el entendimiento es completo, holístico.

Y eso es lo que sucede con la pobreza. Yo entendí la pobreza porque estuve allí; viví con ellos, comí con ellos y dormí con ellos. Entonces comienzas a entender que en ese ambiente hay distintos valores, y diferentes principios comparados con los que existen allí de donde tú provienes y te das cuenta de que puedes aprender cosas fantásticas de la pobreza. Lo que he aprendido de los pobres supera lo que aprendí en la universidad. Pero pocas personas tienen esa oportunidad. Ellos ven la pobreza desde afuera en lugar de vivirla desde adentro. Aprendes cosas extraordinarias. Lo primero que aprendes y que los que quieren mejorar el sistema de vida de los pobres no saben que dentro de la pobreza hay mucha creatividad. No puedes ser un idiota si quieres sobrevivir, cada minuto tienes que estar pensando, ¿Qué sigue? ¿Qué puedo hacer aquí? ¿Qué es esto y lo otro y lo otro? Así que tu creatividad debe ser constante. Además, están los contactos, la cooperación, la ayuda mutua y toda una gama de cosas extraordinarias que ya no se encuentran nuestra sociedad dominante que es individualista, avara, egoísta, etc. Totalmente lo opuesto de lo que tienes allá. Y es sorprendente porque a veces llegas a encontrar gente más feliz entre los pobres que la que encontrarías en tu propio ambiente. Lo que significa que la pobreza no solo es una cuestión de dinero. Es algo mucho más complejo.

Debemos cambiar casi todo. Somos dramáticamente idiotas. Actuamos sistemáticamente en contra de las evidencias que tenemos. Sabemos exactamente qué no debemos hacer. No hay nadie que no sepa esto, especialmente los grandes políticos saben exactamente lo que no se debe hacer. Y aún así lo hacen. Después de lo que pasó en octubre del 2008, deberíamos pensar que van a cambiar porque se han dado cuenta de que el modelo económico no funciona, que incluso tiene un alto nivel de riesgo, dramáticamente riesgoso. Y uno se pregunta: ¿Cuál fue el resultado de la última reunión de la Comunidad Europea? Ahora son más fundamentalistas que antes. De tal modo que lo único de lo que se puede estar seguro es que ya viene la próxima crisis y que será el doble de fuerte que la actual. Pero para entonces ya no habrá suficiente dinero. Esas son las consecuencias de la sistemática estupidez humana.

Para evitar otra catástrofe, primero que nada, necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Lo segundo, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. En tercer lugar, un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas. Un economista debe tener claro que si los animales desaparecen, él también desaparecerá porque entonces ya no habrá qué comer. Pero él no sabe que dependemos totalmente de la naturaleza. Para los economistas de hoy en día la naturaleza es un subsistema de la economía, concepto que es totalmente absurdo.

Además debemos acercar el consumidor a la producción. Yo vivo bien al sur de Chile, una zona fantástica donde tenemos toda la tecnología para la elaboración de productos lácteos de máxima calidad. Hace unos meses estaba desayunando en un hotel y al tomar un paquetito de mantequilla descubrí que ésta venía de Nueva Zelanda, absurdo. ¿Y por qué sucede una cosa así? Porque los economistas no saben calcular los costos reales. Traer mantequilla desde un lugar que queda a 20.000 kilómetros a un sitio donde se produce la mejor, con el pretexto de que es más barato es una estupidez monumental porque no tienen en cuenta el impacto que causan esos 20.000 km. de transporte sobre la naturaleza. Por si fuera poco, es más barata porque está subsidiada. Es un caso muy claro en el que los precios nunca dicen la verdad. Todo tiene su truco. Y esas artimañas causan enormes daños. Si acercas el consumo a la producción, comerás mejor, tendrás mejores alimentos y sabrás de dónde vienen. Incluso podrías llegar a conocer a la persona que lo produce. Se humaniza el proceso, pero hoy en día lo que los economistas hacen está totalmente deshumanizado.

Muchos creen que dentro de algunas décadas no habrá más humanos. Yo no creo que hayamos llegado a ese punto, pero sí que estamos cerca y diré que ya cruzamos el primero de los tres ríos. Y si observamos lo que está pasando en todos lados, es alarmante cómo la cantidad de catástrofes ha ido aumentando y se manifiesta en todas las formas: tormentas, terremotos, erupciones volcánicas. El número de eventos crece dramáticamente, es sobrecogedor y nosotros seguimos en las mismas.

En las comunidades pobres en las que has vivido y trabajado aprendí acerca de la solidaridad de la gente; el respeto por los otros; la ayuda mutua; nada de avaricia, un valor inexistente dentro de la pobreza. Uno estaría inclinado a pensar que allí es donde más está presente, que la avaricia debería ser patrimonio de los que menos tienen. No, todo lo contrario, mientras más tienes más quieres, la crisis actual es producto de la avaricia. La avaricia es el valor dominante del mundo actual. Mientras persista, estamos acabados.

Los principios de la economía deben estar fundamentados en cinco postulados y un valor esencial. Primero: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. Segundo: el desarrollo se refiere a las personas, no a las cosas. Tercero: crecimiento no es lo mismo que desarrollo y el desarrollo no necesariamente requiere de crecimiento. Cuarto: no puede existir una economía con un ecosistema fallando. Quinto: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es un imposible. Y el valor fundamental para poder consolidar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia por la vida.

Nada puede ser más importante que la vida. Y digo vida, no seres humanos, porque para mí el punto clave es el milagro de la vida en todas sus manifestaciones. Pero si predomina el interés económico, uno no solo se olvida de la vida y otros seres vivientes, termina también ignorando a los seres humanos.

Crecimiento es una acumulación cuantitativa. Desarrollo es la liberación de posibilidades creativas. Todo sistema vivo de la naturaleza crece y en cierto punto deja de crecer, pero continúa desarrollándose. El desarrollo no tiene límites pero el crecimiento sí. Y este es un concepto muy importante que políticos y economistas ignoran, están obsesionados con el fetiche del crecimiento económico.

He trabajado durante décadas y en este tiempo se han hecho muchos estudios. Soy el autor de una famosa hipótesis: la hipótesis del límite, que dice que en toda sociedad hay un periodo de crecimiento económico -entendido convencionalmente o no– que trae una mejora en la calidad de vida pero sólo hasta cierto punto: el punto límite, a partir del cual, si hay más crecimiento, la calidad de vida comienza a decaer. Esta es la situación en la que nos encontramos actualmente”.

Para más información

La economía descalza