Economía del océano

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El océano es una piedra angular de la economía mundial y una fuente fundamental de recursos para la creciente población mundial. Recordemos que forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que en el punto 14 postula: “Conservar y utilizar de forma sostenible, los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”.

Los océanos proporcionan alimento, empleo y medios de vida a más de tres mil millones de personas, facilitan el comercio mundial y crean un hogar para los casi 2.4 mil millones de personas que viven en las zonas costeras a nivel mundial. Los pronósticos sugieren que la economía oceánica podría brindar oportunidades de crecimiento económico durante la próxima década, creando $ 3 billones anuales en valor agregado bruto para 2030.

Sin embargo, la inversión en la economía oceánica es drásticamente baja. En los últimos diez años, solo el 1% del valor total se invirtió en proyectos sostenibles para el desarrollo.

Vida saludable para todos

Necesitamos urgente un cambio de dirección, ya que los impactos del cambio climático, la contaminación y la sobrepesca ejercen una presión creciente sobre el océano, su capital natural y los servicios que brinda. Para cambiar esta trayectoria, es imperativo que el capital de todo tipo se destine a desarrollar la resiliencia de los océanos y minimizar los riesgos mediante la restauración, protección y gestión eficaz de la forma en que los seres humanos utilizan los ecosistemas oceánicos.

Debemos repensar fundamentalmente cómo las personas interactúan con el océano, transformar los modelos económicos y los sistemas de mercado para frenar su deterioro, detener la pérdida de biodiversidad y aprovechar todo su potencial económico. La disponibilidad de financiación adicional será clave para hacer esto de manera eficaz y lograr una economía oceánica sostenible.

¿Cuál es la brecha financiera azul?

Una investigación reciente encargada por el Panel de alto nivel para una economía oceánica sostenible (Ocean Panel) muestra que invertir $ 1 en acciones oceánicas clave puede generar al menos $ 5 en beneficios globales.

Las inversiones en el océano también son una forma en que los responsables de la formulación de políticas pueden garantizar una recuperación económica sostenible y equitativa. Además de los beneficios económicos, una economía oceánica sostenible proporcionaría innumerables intangibles, como por ejemplo, servir como fuente de identidad social y cultural.

También existe una creciente conciencia de que no hacer la transición hacia una economía oceánica sostenible conllevará altos costos. Por ejemplo, el cambio climático constante podría causar pérdidas de ingresos por turismo de arrecifes de coral de más del 90%. Los países en desarrollo que dependen del turismo de arrecifes, y las poblaciones de peces para el empleo y la seguridad alimentaria, probablemente experimentarán los peores impactos de esta pérdida de ingresos.

Grandes oportunidades de acción

Un nuevo informe encargado por Ocean Panel identifica siete acciones clave para cerrar la brecha financiera azul y, al mismo tiempo, garantizar la distribución equitativa de los beneficios de una economía oceánica sostenible.

1. Establecer e implementar nuevas directrices y principios comunes que ayuden a definir inversiones sostenibles en la economía oceánica. Si se adoptan ampliamente, las directrices de inversión basadas en principios podrían ayudar a transformar positivamente el uso y la gestión de los ecosistemas oceánicos.

2. Fortalecer los conocimientos, los datos y la capacidad en salud y finanzas de los océanos, particularmente en los países en desarrollo. Esto permitirá que los procesos de toma de decisiones y las actividades se adapten a los nuevos conocimientos sobre los riesgos potenciales, los impactos acumulativos y las oportunidades asociadas con las actividades comerciales.

3. Crear un entorno propicio de apoyo e inclusivo. Los gobiernos y las agencias multilaterales tienen un papel fundamental que desempeñar en la reforma de las políticas y la creación de entornos normativos eficaces y estables para generar condiciones de financiación atractivas y lograr resultados más sostenibles.

4. Estimular la cartera de proyectos sostenibles de inversión. Utilizar mecanismos para combinar la financiación mediante subvenciones y organizaciones filantrópicas e instituciones financieras de desarrollo con capital privado para reducir los riesgos percibidos y aumentar los rendimientos.

5. Explorar nuevos mecanismos y herramientas de financiación para escalar las inversiones para actividades oceánicas sostenibles, inclusivas y resistentes al clima. Es fundamental crear mecanismos innovadores que traigan nuevas formas de financiación al sistema; sean accesibles a las comunidades de los países en desarrollo, en particular a las mujeres, los jóvenes y las comunidades marginadas; y reducir la explotación de los recursos oceánicos.

6. Desarrollar las mejores prácticas para incentivar el comportamiento sostenible. Mientras se desarrolla el ecosistema financiero sostenible de la economía oceánica, se deben tomar medidas inmediatas para evitar las prácticas que apoyan actividades ilegales y significativamente dañinas, como la pesca ilegal y la contaminación, y en su lugar trabajar para incentivar el comportamiento positivo.

7. Impulsar nuevos enfoques de seguros. La industria de los seguros puede basarse en recomendaciones derivadas de la investigación, el modelado y el análisis de datos para respaldar solo a aquellos clientes o proyectos que contribuyan a una economía oceánica sostenible.

¿Qué es la economía del océano?

"La economía del océano abarca las industrias marítimas (como el transporte, la pesca, el turismo, la energía eólica en alta mar, la biotecnología marina), pero también los activos naturales y los servicios ecosistémicos que proporcionan los mares (peces, rutas de navegación, absorción de CO2 y similares)", explican desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En términos de PIB, los mares representan la séptima mayor economía del planeta, sólo por detrás de EEUU, China, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido. No en vano, el Producto Interior Bruto de todas esas industrias asciende a 2,5 billones de dólares.

A pesar de esa cifra, el potencial de los activos aún por explotar en este sector es hasta diez veces mayor y la previsión, también de la OCDE, es alcanzar los 40 millones de empleos relacionados con el mar en el año 2030.

Para el año 2030 y en respuesta a los cambios poblacionales, ambientales y comerciales, se espera que el valor agregado bruto generado por las industrias marinas se duplique alcanzando $3 trillones y generando empleo directo para 40 millones de personas, manteniendo su contribución al valor agregado bruto y fuerza laboral global.

Entre los cambios más importantes, se espera que el turismo marino-costero tome el protagonismo en la generación de riqueza desplazando al sector de extracción de crudo y gas. Además, se prevé que las industrias emergentes de energía eólica y maricultura, y las de procesamiento pesquero, actividades portuarias y astilleros sean las de mayor crecimiento en riqueza y empleo, según la OCDE.

Para aprovechar todo este potencial es necesario enfrentar los retos ambientales, de contaminación y explotación que actualmente tiene el océano y asegurar el manejo sustentable del mismo. En esta dirección, será crucial implementar sistemas de manejo costero integrado, así como proteger y valorar los servicios ecosistémicos oceánicos, sobre todo aquellos vinculados con las actividades más importantes y de mayor crecimiento.

Pero hay más razones para apostar por los océanos. El agua salada ocupa el 70% de la superficie del globo y absorbe el 30% de las emisiones de dióxido de carbono. Por otro lado, los mares son el canal para el 90% del transporte mundial de mercancías y sostienen 31 millones de puestos de trabajo directos.

Financiamiento de una economía oceánica sostenible

El cuidado del medio ambiente, la preocupación por el calentamiento global o los esfuerzos por preservar los mares están a la orden de día. Esta toma de conciencia sobre la problemática asociada a la sostenibilidad va a marcar la agenda del futuro. También en el mundo de las inversiones, que no vive ajeno a esa realidad.

Basten dos referencias internacionales para sustentar esas afirmaciones:

• Desde 2017, el grupo Climate Action 100+, formado por 370 grandes inversores que gestionan más de 35 billones de dólares, se niega a apostar por compañías que no faciliten información sobre sus emisiones.

• El índice de referencia en megatendencias –concepto que incluye, entre otras cuestiones, el cambio climático, el crecimiento demográfico o la preservación del medio ambiente– DWS Megatrends Total Return Index registra un aumento del 57% desde 2013 y sube cerca de un 20% en los últimos dos años.

Resulta evidente, desde un punto de vista meramente inversor, el gran interés que despierta el entorno ambiental, el cual engloba lo que se ha dado en llamar la economía del océano.

Un océano saludable que respalde a una empresa estatal requiere intervenciones para mejorar la gobernanza, la ciencia y la gestión.

Las finanzas son un habilitador importante de una empresa estatal y el principal impulsor de todas las actividades comerciales oceánicas. Garantizar una economía oceánica sostenible y recibir todos los beneficios que conlleva requiere un aumento significativo de las finanzas sostenibles para respaldar la salud de los mares.

El inmenso océano ofrece una gran oportunidad para nuestra prosperidad compartida y una importante cantidad de recursos para los miles de millones de personas que dependen de él. Abordar las barreras para financiar una economía oceánica sostenible y hacer fluir las inversiones en ella ayudará a garantizar que los beneficios del océano estén disponibles para todos.