Eco-espiritualidad

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Como explica Jorge Oscar Peixoto en “Ecología en perspectiva franciscana”, el objeto de la ecología es el estudio de las interrelaciones dentro de la totalidad y entre todos, a través del tiempo. La ecología, por lo tanto, es un compendio de ciencias, una ciencia global (holística) que no desestima ningún factor y abarca toda la historia. La naturaleza no es una ‘hábitat biológico’ en el que podemos desarrollar nuestra técnica y nuestra ciencia, sino que respiramos ‘procesos vitales comunes’ de los que dependemos o mejor inter-dependemos, relación de la que no podemos evadirnos ni mucho menos evitar nuestra responsabilidad.

Al hablar de espiritualidad nos referimos a la fuente originaria que es el fundamento de todo ser, el origen de todo, llamado con frecuencia Espíritu. Decir espíritu es expresar el principio de la comunicación, de la creatividad, de la pasión y del amor. O sea, aquella vitalidad o fuerza que subyace a todas las demás energías, llena todos los espacios y tiempos y continuamente crea y recrea: el «Spiritus Creator».

La espiritualidad concuerda en esta concepción con las tradiciones transculturales de la humanidad: Spiritus para los latinos, pneuma para los griegos, ruah para los hebreros, mana para los melanesios, axé para los nagô y los iorubá de África y sus descendientes en las Américas, wakan para los indígenas dacotas, kipara los pueblos de Asia nororiental, shi para los chinos, Espíritu Santo para los cristianos…eso son los nombres, pero en todos los casos estamos ante una fuente originaria que lo atraviesa todo, que hace del universo una sola comunión y se manifiesta como una realidad que está en movimiento, en creación continua y en apertura hacia lo nuevo, en una palabra: como vida y espíritu. No podemos negar la relevancia de la espiritualidad y del elemento religioso y místico en la configuración de la nueva humanidad.

Entre la multitud de propuestas queremos presentar, casi como un itinerario inicial, los elementos más relevantes de la discusión actual. Las vertientes más importantes con sus respectivos caminos:

1. El camino de la técnica: eco-tecnología

Con el avance tecnológico debe incluirse la protección del ecosistema, la posibilidad de minimizar costos en la construcción y disminuir el daño al hombre y al ambiente que le rodea, tanto el natural como lo construido. El objeto será Objetivo: el de adaptar los nuevos procesos y avances tecnológicos en el diagnóstico, prevención y control de los recursos energéticos, así como prospectar el impacto ambiental generado por presentes y futuras actividades humanas, proponiendo usos racionales y sustentables del territorio y sus recursos naturales. El objetivo es el de perpetuar el modelo de sociedad y sus correspondiente paradigma de desarrollo social. El bienestar de la naturaleza está al servicio del progreso. La técnica puede ayudar a curar las heridas a la naturaleza, heridas producidas por ella misma. Es como ir aprendiendo de los errores, o gastar los dientes del lobo, para que disminuya su ferocidad. No se va a la raíz de la enfermedad. El modelo de sociedad sigue fundado en la expansión de las fuerzas productivas que son ilimitadas, la tecnología viene en ayuda de esta mentalidad. En esta mentalidad nace el mito del desarrollo ilimitado que nos acompaña desde hace casi 500 años. Es por eso que su programa de acción se formula así: todo ecosistema es de elevada fragilidad y cualquier actividad de desarrollo que influya sobre la posibilidad de restauración natural y conduzca a la disminución eventual de la irreversibilidad de un proceso, será parte de un trabajo mancomunado para instrumentar acciones que permitan lograr una armonía y solidaridad humana con la naturaleza. La contaminación de suelos, cursos de agua, extracción de material minero, disposición de residuos industriales, contaminación sónica, deficiencia en el confort térmico y bioclimático, provocan un desbalance del equilibrio Hombre - Ambiente - Tecnología. Un análisis convencional referido al uso de recursos naturales y subproductos generados de ellos, por parte de las generaciones futuras, concluye que puede ser resuelto mediante la utilización de avances tecnológicos. Con el avance tecnológico debe incluirse la protección del ecosistema y la posibilidad de minimizar el daño al hombre y al ambiente que le rodea, tanto el natural como el construido, generando una cultura que definirá la calidad de vida en nuestra sociedad. La preocupación surgida de los problemas relacionados con el deterioro del medio ambiente ha motivado una reflexión sobre el empleo eficiente y adecuado de los recursos energéticos, el impacto económico de su uso y las consecuencias en la salud de la población. Las búsquedas de respuestas propias a nuestro entorno se han expresado en trabajos de las universidades así como también de los organismos que de alguna manera deciden sobre el uso de los bienes de la naturaleza.

2. El camino de la política: eco-política

La política se relaciona con el poder y con la gestión de los bienes comunes. Vivimos dentro de un modelo social que posee una determinada gestión política o de poder. La eco-política, mediante una nueva conciencia, procura encontrar nuevas políticas de desarrollo que conserven el equilibrio entre el progreso y los costos ecológicos. Una nueva conciencia y capacidad política como herramienta -la Ecología Política- al servicio del poder político para formular un plan histórico con su modelo de desarrollo y de convivencia. La política se ocupa de la organización social del trabajo y de los recursos. La Ecología Política se ocupa de lo mismo, de la organización social, pero añade: igualitaria. Organización social igualitaria. ¿Por qué igualitaria? Porque todos y todas somos miembros de la misma y única especie humana en el único planeta Tierra. La pregunta del orden social, básica para la elaboración de cualquier modelo, no siempre es claramente planteada. ¿Qué tipo sociedad queremos? ¿Más participativa, igualitaria, solidaria, y por qué? Sin embargo, aún no es todo, pues falta una política global, o razón de matriz ecológica, donde todos los factores estén integrados sin recurrir a remiendos que beneficien a pocos o a macroprogramas de desarrollo (faraónicos) sin la participación local. Políticas que puedan combinar la técnica con la utopía, la imaginación con la lógica, la creatividad con la razón analítica, lo regional en relación con el resto.

Es por eso que en el campo político se cae fácilmente en la técnica del poder-dominación, olvidándose de la política como acto amoroso de búsqueda conjunta del bien común, humano y cósmico. Se tendrá que pasar de una economía de crecimiento ilimitado a una economía de lo suficiente para todos.

3. El camino de la sociedad: ecología social

Es la promoción de los estudios sobre las relaciones entre sistemas humanos y sistemas ambientales, los sistemas sociales en interacción con los ecosistemas. No hay crisis de desarrollo sino de modelo de sociedad. Es adentro de la sociedad donde se elabora el modelo de desarrollo. El proyecto lo decide la sociedad. De ahí la importancia de la dimensión ambiental en las políticas de desarrollo, con especial atención a la conservación de recursos naturales y la articulación con usos productivos, particularmente ganadería y agricultura. El papel de las políticas públicas en el área ambiental, gestión gubernamental y participación de la sociedad civil. El impacto de la globalización sobre las opciones de desarrollo sustentable, en sus dimensiones políticas, económicas, culturales y ambientales. Papel de la sociedad civil frente a los procesos globales.

Georges Friedmann, de cuyo trabajo es deudor el de Edgar Morin, es uno de los pioneros de la Ecología Social. En el camino abierto por él, pienso que la noción de ecosistema ofrece el marco adecuado para una investigación que pretenda dar razón del mundo actual y de nuestra crisis civilizatoria. Ecosistema, repito, entendido de modo global, dentro del cual interaccionan los ecosistemas parciales (geológicos, climáticos, vegetales, animales, humanos, sociales, económicos, tecnológicos, políticos), entre los que no hay barreras absolutas sino interacciones e interdependencias. Es insuficiente la reducción a unidades elementales cuantificables; insuficiente y, hoy más que nunca, empobrecedor. Por el contrario, lo urgente es concebir la organización de las unidades complejas, no perder nunca el marco teórico del conjunto.

Para detener el avance de la destrucción ecológica a nivel planetario es necesario introducir procesos de educación ambiental que conduzcan a la elaboración de alternativas al modelo social vigente hasta superarlo históricamente. Se hace indispensable trabajar a nivel de las comunidades locales para revisar los modelos de relación que generan en la convivencia. Promover nuevos espacios vitales donde se pueda vivir lo nuevo, integrado y no separado del ambiente. Alternativas ecológicamente apropiadas en el sentido de no destruir el ecosistema de vida y garantizar su futuro por amor a las generaciones que vendrán. Estas son las cuestiones importantes para una ecología social: ¿qué educación promover para rehacer una alianza de simpatía y cuidado hacia la naturaleza? ¿Cómo organizar el trabajo para que sea productivo y también gozoso?

¿Cuáles serán las características de nuestras ciudades a escala humana para que favorezcan los vínculos de convivencia y comunión? ¿Qué tipo de ciencia habrá de implementarse que nos permita dialogar en profundo con el mundo sin olvidar su sentido original? ¿Qué tecnología nos permitirá liberarnos de tantos males sin olvidar la espiritualidad? ¿Cuáles condiciones sociales son necesarias para que el eje de la vida social sea la alegría de estar juntos y el aprendizaje comunitario nos permita alcanzar el sueño mayor de una integración personal, cósmica y divina?

4. El camino de la ética: ética ecológica

La ética va más allá de la moral. Por medio de la ética expresamos el comportamiento justo y responsable de relacionarnos desde su dinámica propia e intrínseca a la naturaleza de cada cosa. Por medio de la ética expresamos lo que la realidad misma dice y exige de cada uno. Lo categórico en la ética es que queremos que sea una cosa en consonancia con su ser íntimo. El discurso moral posteriormente crea las diversas acciones mediante el poder para conseguir una variedad de morales. La ética ambiental o ecológica se preocupa de estudiar los sistemas de legitimación de las conductas, modelos, políticas y comportamiento; y de construir sistemas alternativos de legitimación de conductas, políticas y actitudes que generen situaciones y modelos ecológicamente sostenibles.

La ética de la sociedad actual es utilitaria y antropocéntrica. Todo está ordenado al hombre, quien se considera patrón de la naturaleza y la cual debe realizar sus deseos. Esta ética permite la dominación de los demás y la violencia de la naturaleza. Niega la subjetividad de otros pueblos y de las criaturas. Por eso desde la ética ecológica se propone otro centro, vale decir, ecocéntrico, logrando el equilibrio de la comunidad total. No estamos en la Tierra, “somos” en la Tierra, es por eso que el bien común será también un bien cósmico. Somos parte de un gran sistema, contribuyendo a una gran comunidad interdependiente. El hombre es el único con capacidad ética; quiere decir, que solo él se hace responsable (solo él da una respuesta, de ahí viene responsabilidad) a la propuesta que viene de la creación. Este estar juntos se puede traducir en rechazo o en hospitalidad; puede surgir una alianza o decretarse una enemistad. Es propio del ser humano ponerse en el lugar de los otros, comprender los derechos ajenos; solamente él puede sacrificarse por amor, tener compasión como el samaritano del Evangelio, ofrecerse a llevar la cruz. Pero también solo él puede poner en peligro el sistema ambiental, destruir la vida y robar los recursos a la Tierra. Por ser ético, el hombre es sujeto de la historia, y como tal ser fatal o amigable con los otros. Todo esto puede determinar el destino y el futuro de la vida.

Es necesaria una reflexión ética porque, en el fondo, lo que falla en la crisis actual es la conducta humana, y no tanto las estructuras creadas, el conocimiento científico o la aplicación técnica; la ética ecológica es una reflexión crítica y racional sobre la teoría desde la cual establecemos la relación con la totalidad. Se funda en el respeto del otro, en la aceptación de las diferencias, en la solidaridad y en la potenciación de la especificidad de cada uno. Es superar el paradigma utilitario para entrar en una reflexión más profunda y comprometida con la vida. Desde la perspectiva de la ética ecológica por primera vez la sociedad se está planteando cuál es su responsabilidad ante el futuro.

5. El camino de la mente: ecología mental

Llamada también ecología profunda, sostiene que las causas del déficit de la Tierra se deben al tipo de sociedad que actualmente tenemos y al tipo de mentalidad predominante, cuyas raíces remontan a épocas anteriores a nuestra historia moderna, incluyendo la profundidad de la vida psíquica humana consciente e inconsciente, personal y arquetípica. En nosotros existen instintos de violencia, voluntad de dominio; arquetipos sombríos que nos alejan de la benevolencia con relación a la vida y a la naturaleza. Dentro de la mente humana se originan los mecanismos que nos llevan a la guerra contra la Tierra. Y se expresan mediante una categoría: el antropocentrismo. Todo se lo construye bajo el símbolo de la posesión y del status, del consumo de bienes y del mercado, de tal modo que la vida tiene sentido en la acumulación y en el sentirse al seguro, protegido socialmente y financieramente. Los diversos sistemas políticos-sociales promueven el modelo de hombre adecuado a ellos, motivando ciertos impulsos naturales, empobreciendo otros, direccionando los deseos. Se satisfacen las necesidades humanas relacionadas con la posesión de bienes. En la era tecnológica se verifica la invasión de objetos virtuales, sin tonalidad afectiva. Los bienes y los artefactos que nos acompañan crean soledad. Las violencias contra los otros y la naturaleza nacen de estructuras profundas y mentales que poseen su genealogía y están dentro de nosotros. Modificando la actitud que facilita el individualismo por una actitud que facilita la individuación, cambiando los códigos, las maneras de valorar, sentir, imaginar y pensar, viendo la conducta como algo derivado del programa operativo que venimos interiorizando. Comprendiendo esto, cambiamos esa programación heredada, para beneficio propio y de la vida. Porque estamos enfermos por dentro es que necesitamos una ecología interior.

La ecología de la mente pretende recuperar el núcleo valorativo-emocional del ser humano frente a la naturaleza, reforzando la capacidad de convivencia, escuchando el mensaje de la creación, favoreciendo las reservas psíquicas positivas del ser humano para que pueda llevar adelante el peso de la existencia y supere las contradicciones de la sociedad de consumo y el dualismo que nos distancia de las cosas. Es en el cambio de mentalidad donde se elabora una conversión de la relación entre la persona y la naturaleza. Es en la profundidad humana donde están los secretos para una nueva mentalidad ecológica, ahí donde se elaboran las grandes motivaciones y se decide cómo ver la realidad.

7. El camino del corazón: ecología integral, mística y cósmica

No es posible que alguno se sienta rey o reina y se considere independiente, sin necesidad de los otros. La moderna cosmología nos enseña que todo tiene que ver con todo en todos los momentos y en todas las circunstancias. El ser humano olvida esa intrincada red de relaciones. Se aleja de ella y se sitúa sobre las cosas, en lugar de sentirse al lado y junto a ellas en una inmensa comunidad planetaria y cósmica. Es necesario recuperar las actitudes de veneración y respeto a la Tierra.

Eso solamente se conseguirá si primero rescatamos la dimensión de lo femenino en el hombre y en la mujer. Por lo femenino el ser humano se abre al cuidado, se sensibiliza por la profundidad misteriosa de la vida y recupera su capacidad de maravillarse. Lo femenino ayuda a rescatar la dimensión de lo sagrado. Lo sagrado impone siempre límites a la manipulación del mundo, pues da origen a la veneración y al respeto, fundamentales para salvaguardar la Tierra. Crea la capacidad de re-ligar todas las cosas a su fuente creadora que es el Creador y Ordenador del universo. De esta capacidad religadora nacen todas las religiones. Hoy precisamos revitalizar las religiones para que cumplan su función religadora. Tanto la mística como la espiritualidad se fundan no en el poder, ni en la acumulación o el cálculo, ni en la razón instrumental. Nacen en el corazón, de la razón sacramental y simbólica, de la gratuidad del mundo, de la relación, de la compasión, del sentido de comunión entre todas las cosas, de la percepción de la vida como vinculada a toda vida. Mediante este camino llegamos a una crítica al paradigma de la modernidad, que hay que superar integrándolo en una totalidad mayor. La crisis ecológica revela precisamente la crisis de un modelo de comprensión del sistema vida en donde todo coexiste.

Finalmente, la eco espiritualidad parte de una nueva visión de la Tierra, inaugurada por los astronautas a partir de los años 60, cuando se lanzaron las primeras naves tripuladas. Ellos vieron la Tierra desde afuera. Desde la nave espacial o desde la Luna, la Tierra –según el testimonio de varios de ellos- aparece como un resplandeciente planeta azul-blanco que cabe en la palma de la mano y puede esconderse detrás del dedo pulgar. Desde esa perspectiva, Tierra y seres humanos emergen como una misma entidad. El ser humano es la propia Tierra que siente, piensa, ama, llora y venera. La Tierra surge como el tercer planeta de un sol, uno de los 100 mil millones de soles de nuestra galaxia, que es a su vez una entre 100 mil millones de otras del universo, universo que posiblemente es uno entre otros paralelos y distintos al nuestro. Y nosotros, seres humanos, hemos evolucionado hasta el punto de poder estar aquí para hablar de todo esto, sintiéndonos ligados y religados a todas estas realidades. Todo caminó con una precisión capaz de permitir nuestra existencia aquí y ahora. De no ser así no estaríamos aquí.

Los cosmólogos, gracias a la astrofísica, la física cuántica, la nueva biología, en una palabra, a las ciencias de la Tierra, nos hacen ver que todo el universo se encuentra en cosmogénesis. Es decir, está todavía en génesis, constituyéndose y naciendo, formando un sistema abierto, capaz siempre de nuevas adquisiciones y expresiones. Por lo tanto nada está acabado y nadie ha terminado de nacer. Por eso tenemos que tener paciencia con el proceso global, unos con otros, y con nosotros mismos, pues nosotros humanos también estamos en proceso de antropogénesis, de formación y de nacimiento. En la cosmogénesis y la antropogénesis sucedieron tres grandes emergencias:

1) la complejidad/diferenciación,

2) la auto-organización/conciencia,

3) la religación/relación de todo con todo.

A partir de su primer momento, después del Big bang, la evolución ha ido creando seres cada vez más diferentes y complejos (1). Cuantos más complejos, más se auto-organizan, mostrando mayor interioridad y niveles más altos de conciencia (2) hasta llegar a la conciencia reflejada en el ser humano. El universo, pues, como un todo posee profundidad espiritual. Para estar en el ser humano, el espíritu estaba antes en el universo. Ahora emerge en nosotros como conciencia refleja y “amorización”. Y cuanto más complejo y consciente, más se relaciona y se religa (3) con todas las cosas, haciendo que el universo sea realmente universo, una totalidad orgánica, dinámica, diversa, tensa y armónica, un cosmos y no un caos.

Las cuatro interacciones existentes, la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil constituyen los principios rectores del universo, de todos los seres, también de los seres humanos. La galaxia más distante se encuentra sometida a la acción de estas cuatro energías primordiales, lo mismo que la hormiga que camina por mi mesa y las neuronas del cerebro humano con el que hago estas reflexiones. Todo se mantiene religado en un equilibrio dinámico, abierto, pasando por el caos que es siempre generativo, pues propicia un nuevo equilibrio más alto y complejo, desembocando en un orden rico en nuevas potencialidades. Una visión liberadora. Este último camino ecológico procura habituar al ser humano a esta visión integral y holística. El holismo no es la suma de las partes sino captar la totalidad orgánica, una y diversa en sus partes, articuladas siempre entre sí dentro de la totalidad y constituyendo esa totalidad. Esta cosmovisión despierta en el ser humano la conciencia de su misión dentro de esa inmensa totalidad. Él es un ser que puede captar todas esas dimensiones, alegrarse con ellas, alabar y agradecer a la Inteligencia que ordena todo y al Amor que mueve todo, sentirse un ser ético, responsable por la parte del universo que le cabe habitar, la Tierra.

Y la Tierra, según importantes científicos, es un superorganismo vivo, Gaia, con refinadísimos calibres de elementos físico-químicos y auto-organizativos que solamente un ser vivo puede tener. Nosotros, seres humanos, podemos ser el Satanás de la Tierra o su Ángel de la guarda. Esta visión exige una nueva civilización y un nuevo tipo de religión, capaz de re-ligar Dios y mundo, mundo y ser humano, ser humano y espiritualidad del cosmos.

El cristianismo está orientado a profundizar la dimensión cósmica de la encarnación, de la inhabitación del espíritu en la naturaleza y del panenteísmo, según el cual Dios está en todo y todo está en Dios. Más que hacer una tregua, es preciso que hagamos las paces con la Tierra. Cabe rehacer una alianza de fraternidad y de respeto hacia ella. Y sentirnos imbuidos del Espíritu que todo penetra y de aquel Amor que, según Dante, mueve el cielo, todas las estrellas y nuestros corazones.

No sirve oponerse a todas las corrientes de la ecología. Hay que distinguir cómo se complementan y en qué medida nos ayudan a ser seres de relaciones, productores de patrones de comportamiento que tengan como consecuencia la preservación y la potenciación del patrimonio formado a lo largo de 15.000 millones de años. Ha llegado costosamente hasta nosotros y nosotros debemos pasarlo adelante, enriquecido, dentro de un proceso sinérgico y afinado con la gran sinfonía universal.


Texto extraído del libro “Ecología en perspectiva franciscana” por Fr. Jorge Oscar Peixoto Seraphicum. Roma 2008