Democracia global

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La democracia global, también conocida como democracia cosmopolita, es una teoría política que explora la aplicación de las normas y valores de la democracia directa en diferentes niveles, desde lo local a lo regional y global.

Se trata del concepto de gobernanza global de la gente, por el pueblo y para el pueblo, que aparece en el contexto de la llamada mundialización. Ante la aceleración de las interdependencias, a escala global, entre las sociedades humanas y también entre la humanidad y la biósfera, “la gobernanza mundial” sirve para definir la elaboración de reglas en esta escala.

En este modelo de democracia, las decisiones son tomadas directamente por aquellos ciudadanos que se ven afectados por ellas, evitando una sola forma jerárquica de autoridad. De acuerdo con las cuestiones en juego, la práctica democrática debe ser reinventada para tener en cuenta la voluntad de las partes interesadas. Esto se puede lograr tanto mediante la democracia directa como mediante representantes electivos.

El modelo defendido por los demócratas globales es descentralizado – la gobernanza mundial sin gobierno mundial–, a diferencia de los modelos de gobierno mundial apoyados por los pensadores clásicos del federalismo mundial. Algunos de los defensores académicos de la democracia global son David Held, Daniele Archibugi y Richard Falk.

Manifiesto por una democracia global

El “Manifiesto por una democracia global”, es una iniciativa que aglutina a un grupo de académicos/as e intelectuales de todo el mundo que se posiciona a favor de un orden global más justo, pacífico, democrático y humano. Es una declaración pluralista que reclama avanzar hacia nuevas instituciones regionales, internacionales y mundiales, capaces de afrontar los desafíos del siglo XXI. Sus firmantes hacen un llamamiento a todos los líderes políticos y a toda la ciudadanía para construir una democracia global que defienda los intereses comunes de toda la humanidad.

En palabras de Fernando Iglesias, vicepresidente de la Asociación civil Democracia Global, “las organizaciones nacional-estatales deben formar parte de una estructura más amplia y mejor coordinada, que debe articular instituciones regionales democráticas en todos los continentes, la reforma de la Corte Internacional de Justicia, una Corte Penal Internacional más justa y equitativa, y una Asamblea Parlamentaria en las Naciones Unidas, embrión de un futuro Parlamento Mundial”.

Para los defensores de este Manifiesto, la incapacidad del sistema político nacional/internacional es evidente a la hora de enfrentarse a los desafíos actuales. “El resultado es el creciente número y relevancia global de los movimientos sociales que expresan un descontento generalizado con las formas existentes de representación democrática, restringidas hoy a la escala nacional”.

Las crisis globales requieren soluciones globales. Por ello, sus firmantes exigen la urgente creación de nuevas agencias globales especializadas en el desarme, el crecimiento equitativo y sostenible, la protección del medio ambiente y la rápida implementación de formas de gobernanza democrática global.

El Manifiesto ha sido presentado en Londres, Nueva York, Bruselas, Nueva Delhi, Tokio y Toronto.

Entre los firmantes se encuentran Abdullahi Ahmed An-Na’im, Daniele Archibugi, Jacques Attali, Bertrand Badie, Zygmunt Bauman, Ulrich Beck, Mary Burton, Noam Chomsky, Richard Falk, Susan George, David Held, Mary Kaldor, Daniel Innerarity, Mathias Koenig-Archibugi y Lucio Levi, entre otros.

Texto del Manifiesto por una democracia global

La política atrasa. Vivimos una era de profundas transformaciones tecnológicas y económicas a las que no ha correspondido una similar evolución de las instituciones públicas, responsables de su regulación. La economía se ha globalizado, pero las instituciones políticas y la democracia, no. Con sus muchas peculiaridades, diferencias y limitaciones, las protestas que hoy se extienden por el planeta evidencian un creciente malestar con el sistema de toma de decisiones, las formas de representación existentes y su escasa capacidad para proteger los bienes comunes del sistema político, y expresan una exigencia de más y mejor democracia.

El bienestar y la seguridad del mundo están amenazados. El orden nacional/internacional surgido del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la caída del Muro de Berlín no ha sido capaz de gestionar los grandes avances de los sistemas productivos en beneficio de toda la humanidad. Por el contrario, asistimos a la emergencia de procesos regresivos y destructivos derivados de la crisis económico-financiera, del aumento de las desigualdades sociales, del recalentamiento global y de la proliferación nuclear. Estos fenómenos han afectado ya negativamente la vida de miles de millones de seres humanos y su continuidad y mutuo potenciamiento ponen en riesgo la paz del mundo y la supervivencia de la civilización humana.

Las crisis globales requieren soluciones globales. En un universo social determinado por la globalización, las capacidades democráticas de los estados nacionales y de las instituciones internacionales se ven cada vez más restringidas frente al desarrollo de poderosos procesos, organizaciones y sistemas mundiales cuya índole no es democrática. Durante los últimos años, los principales líderes nacionales e internacionales del mundo han corrido detrás de los acontecimientos globales. Su reiterado fracaso demuestra que no bastan las reuniones ocasionales, ni los acuerdos intergubernamentales, ni la cooperación internacional, ni el pretendido multilateralismo, ni las actuales formas de gobernanza global. La globalización de las finanzas, las cadenas productivas y los sistemas de comunicación, y el poder planetario alcanzado por las tecnologías destructivas exigen la globalización de las instituciones políticas de regulación y control. Las crisis globales requieren soluciones globales coherentes y efectivas. Por eso exigimos la urgente creación de nuevas agencias globales especializadas en el desarme, el crecimiento estable, equitativo y sostenible, y la protección del medioambiente, y la rápida implementación de formas de gobernanza democrática global en todos los temas que las actuales cumbres intergubernamentales han demostrado ser incapaces de resolver.

Necesitamos avanzar hacia nuevas, y más extensas y profundas, formas de democracia. El actual modelo de globalización tecnológico- económica debe ser superado por otro que ponga los instrumentos tecno-económicos al servicio de un mundo más justo, pacífico y humano. Necesitamos un nuevo paradigma de desarrollo globalmente sostenible que incluya en sus beneficios a los miembros más pobres y desvalidos de la humanidad. Para evitar la profundización de las crisis globales y buscar soluciones a los desafíos planteados por la globalización, debemos avanzar hacia más extensas y profundas formas de democracia. Las organizaciones nacional-estatales deben formar parte de una estructura más amplia y mejor coordinada, que debe incluir y articular instituciones regionales democráticas en todos los continentes, la reforma de la Corte Internacional de Justicia, una Corte Penal Internacional más justa y equitativa, y una Asamblea Parlamentaria en las Naciones Unidas, embrión de un futuro Parlamento Mundial. Pero este cambio institucional no podrá ser exitoso si es fruto de las acciones de una elite autoelegida. Por el contrario, la democratización del orden mundial debe surgir de un proceso sociopolítico abierto a todos los seres humanos, cuyo objetivo es la institucionalización participativa de una democracia global.

Globalizar la democracia es la única manera de democratizar la globalización. Más allá de nuestras divergencias acerca de los contenidos y métodos idóneos para avanzar hacia un orden mundial más justo y estable, los abajo firmantes compartimos un firme compromiso con el desarrollo de una democracia global. En nombre de la Paz, la Justicia y los Derechos Humanos no queremos ser mundialmente gobernados por quienes sólo han sido elegidos para hacerlo a nivel nacional, ni por organismos internacionales que no nos representan adecuadamente. Por eso trabajamos en la construcción de espacios políticos supranacionales y reclamamos instituciones políticas regionales, internacionales y mundiales a la altura de los desafíos del siglo XXI, que expresen las diferentes visiones y defiendan los intereses comunes de los siete mil millones de mujeres y hombres que componemos hoy la humanidad.

Convocamos a todos los seres humanos a participar de la constitución de una democracia global. Compartimos con los movimientos sociales mundiales el reclamo de “unirnos por un cambio global” y por una “democracia real”. Ambos postulados expresan el creciente rechazo a seguir siendo gobernados por poderes políticos y económicos sobre cuyas resoluciones no tenemos influencia. La autonomía y la autodeterminación no sólo son válidas a nivel local y nacional. Por eso reivindicamos nuestro derecho a participar de las decisiones globales fundamentales que afectan nuestras vidas. Queremos ser ciudadanos del mundo y no sus meros habitantes. Exigimos democracia no sólo a nivel local y nacional sino una democracia global. Nos comprometemos a trabajar por su desarrollo y llamamos a todos los líderes políticos, intelectuales y civiles del mundo, a todas las organizaciones, partidos y movimientos democráticos, y a todas las personas de convicciones democráticas del planeta, a participar activamente de su constitución.

Para más información:

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Los problemas de la democracia global

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