Comercio de emisiones

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Los sistemas de comercio de emisiones, también llamados “sistemas cap-and-trade” (de límites máximos y comercio), constituyen un enfoque para resolver problemas de contaminación del aire basado en el mercado. Si son bien diseñados e implementados pueden ser económicamente eficientes, dado que proveen incentivos a los participantes para que éstos reduzcan sus emisiones de manera flexible, en función de sus propias estructuras productivas, tecnológicas y de costos.

El principio básico de estos esquemas consiste en la fijación de un límite máximo a la cantidad total de emisiones permitidas para un período de tiempo determinado (el tope o “cap”). Cada participante recibe en función de lo anterior una cantidad determinada de permisos de emisión, los cuales pueden luego comerciarse en un mercado. La distribución de permisos entre los participantes puede realizarse de diferentes maneras: por ejemplo, de acuerdo a sus emisiones históricas o mediante un proceso de subasta (en este último caso, las empresas deben comprar los permisos que necesitan, lo que les impone una carga financiera total mayor). El precio de los permisos es determinado por el mercado, en función de la oferta y la demanda.

De esta manera, durante el período de tiempo especificado, los participantes que emiten menos de lo permitido pueden vender sus permisos excedentes a aquellos participantes cuyas emisiones exceden su cantidad máxima permitida. Así, quienes pueden reducir sus emisiones sin incurrir en grandes costos (por ejemplo, invirtiendo en tecnologías más eficientes) tienen el incentivo para hacerlo, pues pueden beneficiarse vendiendo en el mercado sus permisos sin utilizar. En el otro extremo, para quienes es muy difícil o costoso reducir emisiones, la compra de permisos en el mercado puede resultar la opción más eficiente.

Cuando un sistema de comercio de emisiones funciona bien, las emisiones totales permanecen dentro del límite máximo establecido, mientras que los participantes tienen la flexibilidad de elegir cómo cumplir con su meta de emisión individual, a partir de su ecuación interna de costos.

El comercio de emisiones ha sido el mecanismo considerado dentro del Protocolo de Kioto. En éste, primeramente, se estableció una meta de reducción de emisiones global: emisiones que fueran 5,2% inferiores a los niveles de 1990 para el período 2008-2012. En segundo lugar, se definieron objetivos individuales de mitigación para cada país, y se repartieron permisos de emisión entre las firmas establecidas en cada territorio. Como consecuencia, se crearon mercados de carbono, diferentes ámbitos donde empresas y países comercian sus permisos entre sí y tienen, además, la opción de financiar proyectos de mitigación en países en desarrollo o de Europa del Este (mediante el Mecanismo para un Desarrollo Limpio o el Mecanismo de Implementación Conjunta, respectivamente). De esta manera, se logra que la mitigación la realicen aquellas instalaciones (y países) con menores costos por tonelada de carbono reducida.

Cabe remarcar que la teoría económica recomienda subastar los permisos de emisión en lugar de repartirlos gratuitamente, de modo tal de lograr que las firmas internalicen la totalidad de los costos sociales que imponen con sus emisiones. Sin embargo, en los sistemas de comercio de emisiones creados a partir de la entrada en vigencia del Protocolo de Kioto la mayor parte de los permisos se han hasta aquí otorgado gratuitamente, en función de las emisiones históricas de las empresas participantes. Esto ha respondido, fundamentalmente, a la necesidad de lograr aceptabilidad inicial.

Sin embargo, a medida que estos esquemas se van expandiendo y el mundo va tomando conciencia de que existe una restricción a la emisión de carbono, el otorgamiento de permisos mediante subasta va ganando relevancia. De hecho, en el mercado de carbono europeo (EU ETS), el principal mercado a nivel mundial, desde el año 2013 este es el mecanismo de distribución de permisos por excelencia.