Consumo Responsable

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Consumo Responsable

Las decisiones más sencillas, las que tomamos todos los días, definen cómo se cuida o se perturba la naturaleza. Son decisiones simples, relacionadas con lo que comemos, la manera como nos transportamos, cómo compramos, cómo producimos, que hacemos con la basura, cómo utilizamos el agua, en qué invertimos nuestro esfuerzo, dinero y confianza. Esas mínimas decisiones, sumadas a las de millones de personas, son fundamentales porque definen el futuro del planeta. Nuestro dinero es una herramienta: cada peso que gastamos es parte de las inversiones millonarias que determinan cómo se hacen negocios, qué productos y servicios se ofrecen, incluso qué trato reciben los trabajadores. Cada uno de nuestros centavos es parte de la fuerza económica que mueve al país y al mundo. A nosotros nos toca decidir si nuestro dinero apoya formas de producción sana, social y ambientalmente responsables, o si apoyamos a quienes contaminan, engañan y abusan de su poder.

El reto que enfrentamos como ciudadanos es aprender a comprar y a elegir de acuerdo a nuestros valores. Nos toca preguntar, demandar, exigir, para que cada vez más empresas se comprometan a producir bienes y servicios que sean respetuosos del medio ambiente, de los trabajadores y de la sociedad en general.
Porque como consumidores, último eslabón del sistema económico, tenemos una responsabilidad, pero también tenemos un poder. Con nuestra forma de consumir podemos influir en la marcha de la economía y del mundo de una forma directa. Y por lo tanto, podemos premiar a las empresas que actúan de forma responsable y transparente y castigar a las “irresponsables”.

Un consumidor responsable:
- regula su consumo a partir de valores humanos,
- realiza sus compras de manera consciente (se pregunta de dónde viene y en dónde terminará lo que compra),
- es equilibrado: se complace pero al mismo tiempo sabe autolimitarse,
- busca, al satisfacer sus propias necesidades, ser también solidario con los productores;
- intenta que su consumo ayude a preservar los recursos naturales para el disfrute de las siguientes generaciones,
- se da cuenta de que comprar es un acto político con sentido humano.

Un consumo consciente y responsable, orientado al fomento de actividades satisfactorias para la naturaleza y las personas, es una gran contribución y un decisivo instrumento de presión frente al mercado. Y una tendencia en alza, ya que en el futuro, cada vez más los consumidores se preguntarán por ejemplo si esa empresa textil pudiera estar contratando a miles de personas en talleres clandestinos, obligados a cumplir interminables jornadas de trabajo y en las más míseras condiciones, para ofrecernos productos a precio de mercado pero con un mayor margen de beneficios para la empresa. Cada vez más los consumidores se preguntarán por el daño económico y social que causan al comprar determinados productos. Cada vez más los consumidores exigirán a las empresas una mayor transparencia en relación con sus actividades empresariales.

El concepto de Consumo Responsable es por lo tanto muy amplio, como lo es la propia actividad de consumir. Podemos, sin embargo, sintetizarlo en tres dimensiones:

1.-Un Consumo Ético, en el que se introduzcan los Valores como una variante importante a la hora de consumir o de optar por un producto. Hacemos especial énfasis en la austeridad como un valor en relación con la reducción para un consumo ecoeficiente, pero también frente al crecimiento económico desenfrenado y al consumismo como forma de alcanzar el bienestar y la felicidad.
2.-Un Consumo Ecoeficiente, que incluye, por este orden, las famosas "erres" del movimiento ecologista: Reducir, Reutilizar y Reciclar, pero en el que también se incluyen elementos tan imprescindibles como las mejores prácticas y la gestión por subjetivos.
3.-Un Consumo Social o Solidario, incorpora también la dimensión del Comercio Justo, es decir, el consumo en lo que se refiere a las relaciones sociales y condiciones laborales en las que se ha elaborado un producto o servicio. Se trata de pagar lo justo por el trabajo realizado, tanto a gentes de otros países como a las más cercanas, en nuestro ámbito local; se trata de eliminar la discriminación, ya sea a causa del color de la piel o por diferente origen, o por razón de género o religión; se trata de potenciar alternativas sociales y de integración y de procurar un nuevo orden económico internacional.